—¿No te asusta esta situación?—decía á su hijo.

—Al contrario: me deleita,—respondía el iluso.

—Pero ¿y tu dinero?

—Aquí está centuplicado.

—En papeles.

—Que valdrán mañana montes de oro; y en prueba de la fe que en ello tengo, acabo de comprar más acciones de la sociedad Tal...

—Acciones que, como todas las que tienes, valen hoy un treinta por ciento menos de lo que te costaron.

—Pero como han de subir necesariamente en su día, compro más para ganar más.

—¿Y si no suben?

—¡Bah!