—Y si concediéndote que se cumplan tus esperanzas, te ocurriese en el ínterin un apuro de los que te acarrean á cada paso tu juego favorito de las diferencias y otros por el estilo, ¿qué sería de tí?
—¿Y los recursos del crédito?
—¡Si tienes echado á la plaza cien veces más del que puedes sufrir!
—Juzgando con el viejo criterio mercantil, yo lo creo.
—¡El viejo criterio!... el viejo... ¡ingratos! ¡El viejo os amontonó esos caudales que apenas veo por ninguna parte; el viejo criterio os legó con ellos un crédito bien fundado, que estáis destruyendo miserablemente!
—Para edificar.
—¿En dónde?
—En todas partes: hemos creado un pueblo, hemos dado la vida al cadáver del país entero.
—Habéis echado la casa por la ventana, y nada más.
—Aun así, por generosa fuera justificable nuestra conducta.