Á VISTA DE CASTELLANO RANCIO

—¿Y en qué coche vamos?

—En el primero que encontremos en la Plaza Nueva...

—Ahí tiene usted tres... cuatro...

—¿Y cuál será el mejor?

—Todos ellos son peores; pero vamos á tomar aquél que se está ocupando ya, porque será el primero que salga. Iremos en la delantera, si á usted le parece.

—Perfectamente: con eso veré mejor el paisaje. Á mí me gusta mucho la campiña de aquí. Además, ya sabe usted que no he visto aún la mar, porque me guardo esa sorpresa para hoy: quiero verla de sopetón, como si dijéramos... ¡Oiga! ¿Sabe usted que son de rechupete estas dos madamitas que van en el interior? ¡Caracoles, y qué bien les cae el sombrerito ladeado!... Pues mire usted la señora que está en el rincón de mi derecha: ocupa ella sola medio coche... y parece joven y muy bonita; digo, si el velo del demonio del gorro que lleva puesto no me engaña.

—Que todo podrá ser.

—¿Le parece á usted?

—Lo que á mí me parece es que está usted muy animado para ser tan tempranito.