—¿Y qué son bujías?
—Velas.
—¡Acabaras! Pues me gusta el aquél de la fábrica. Y ¿con qué muele?
—¿Cómo que con qué muele?
—Quiero decir, con qué anda; porque no veo el río por ninguna parte.
—Con vapor.
—¡Ah, ya! Velay-usté por qué ahuma tanto la chimenea. Y á todo esto, ¿cuándo se ve la mar?
—Ahora vamos á verla, en cuanto lleguemos á aquellos árboles.
—¡Sopla, y qué airecillo tan fresco me ha dado en la cara de repente! ¿Será de la mar, eh?... Ya estamos arriba... ¡María Santísima, qué vista tan hermosa se descubre ahora!... Pero no veo la mar por ninguna parte.
—¿Cómo que no? Fíjese usted entre esas dos puntas de tierra que se ven á derecha é izquierda.