La aspirante á sirvienta propuso en seguida á sus padres la familia de cierta doña Remedios que pasaba los veranos en aquella aldea, bien para servir en su casa, bien para que le buscase otra de su confianza. Y tan racional pareció la idea de Fonsa á su padre, que en seguida fué éste á la taberna, compró un pliego de papel y se plantó en casa de un mozalbete que tenía en el barrio fama de gran pendolista.
—Vengo—le dijo,—al auto de que me escribas una carta para doña Remedios, la de Santander.
El mozalbete dejó el enorme mazo con que encambaba un rodal, entró en casa, volvió á salir con un tintero de cuerno en la mano, y, puesto de rodillas delante del poyo del portal, escribió sobre el papel que le dió el padre de Fonsa lo siguiente, que éste le dictó rascándose la cabeza:
«Señora doña Remedios:
«Para servir á usté y de toda mi satisfación: sabrá usté primeramente como la mi muchacha y nusotros deseamos que la muchacha pase á servir á casa de usté, ó á persona de la comenencia de usté, porque la muchacha, como usté sabe, es honrá, y nusotros, vamos al decir, y perdone la franqueza, semos muy hombres de bien por mar y por tierra y por el reondel del orbe. Si usté tiene á bien que la muchacha sirva en casa de usté, ó en casa de su comenencia de usté, avisará tan aína como ésta llegue á ojos de usté; y si, pinto el caso, no llegara, avisará tamién pa ver de ponerle otra al mesmo tenor.
«Y con esto no canso más; quédese usté con Dios, y mandar con franqueza. La mujer güena, gracias á Dios.
«Pordata.—La muchacha es docilita y sofría, está en güenas carnes y es avispá de por suyo; güen genial y mejor voluntá.
«Y no cansando más por ahora, pa servir á usté y finezas á la señora familia, me repito. Y con esto tendrá usté el honor de saber que es su vasallo con respecto y servidumbre y fineza,
«Celigonio Calostros».