—Este palique se prueba si se agradece.
—¡Bah, bah! Quítese dáy y no me consuma la pacencia, que tengo más cacer coir esas pampirolás del diañu. No ¡pus si una juera á hacer caso de to lo que la ladran á la oreja!...
—Me parece que cuando uno viene con honradez...
—¡Como no venga!
—¿Y por qué no, morena?
—Morena ó no morena, Fonsa Calostros me llamo con toa la honra de la honría más relumbrante... y si me tomó el sol y no soy tan blanca como las de la ciudá, sallando maíces fué en la mies de mi lugar... ¡Ésta sí que me gusta!... Pus pué que se le figure al birriagas de ese hombre que yo tengo á menos el ser morena!
—Si algo he dicho que la ofenda, perdonar la falta, que de buena intención fué la palabra. Pero sepa usted, Alifonsa, que ahora que sé cómo usted se llama, siento que la miro con mucha mayor estimación.
—¡Otra que te vas! Como si fuera á pasarme el deo con esa compresación... ¡Ea, no se arrime tanto!
—No merece usted que se la quiera.
—Ni falta que me hace, pa que usté lo sepa.