Fijémonos en cualquiera de las dos, á la casualidad: en la del tío Selmo Lombío.

Selmo, ó Anselmo Lombío, es un pobre labrador que á duras penas cosecha maíz para todo el año; por consiguiente, no es siquiera lo que se llama un hombre acomodado. Pero no ha conocido jamás el mal humor, no tiene vicios ni cosa que se le parezca, ni, lo que siente mucho, hijos que le pidan pan, no obstante llevar más de treinta años unido en legítimo matrimonio á tía Ramona Maizales, cuyo carácter parece cortado por el mismo patrón que el suyo.

Ambos profesan y predican, con más fe cada día, la máxima de que «la gente humana ha nacido para la comunicancia y parcialidad»; y por ende no transigen con que el pobre, rendido por el trabajo cuotidiano, se limite, por único consuelo, á tumbarse á roncar sobre una mala cama á la hora en que se albergan las gallinas. Y en prueba de que no hablan sólo por el aquél de abrir la boca, no bien se coge el maíz, y se siega el pelo de la toñá (la yerba de otoño), y se derrotan las mieses, y comienzan los pelados bardales á llorar gota á gota por las mañanas el rocío de la noche, ya los tienen ustedes brindando con su cocina á todo convecino que quiera favorecerla con su presencia.

Y la gente del barrio, que se guarda muy bien de desairar el brindis, acude solícita á ella, y hasta la hace de moda entre la rústica sociedad.

Estarán ustedes cansados de leer en la grave prensa periódica de España párrafos como el siguiente:

«Magnífica estuvo, como todas las anteriores, la recepción que tuvo lugar anoche en los espléndidos salones de la encantadora marquesa del Rábano ó de la Coliflor, viéndose aquéllos poblados de cuanto de más bello, elegante y distinguido encierra la buena sociedad de...».

Y esto lo dice el periodista porque presume, ó sabe, ó quiere hacer creer que concurrieron á los salones espléndidos de la encantadora marquesa del Rábano ó de la Coliflor, la seductora baronesa de la Ortiga, la adorable condesa del Pámpano, las hechiceras señoritas de Azafrán, la interesante viuda de Mogol, el opulento banquero Potosí, el ilustre diplomático vizconde del Tornasol, el mimado poeta Aljófar, el lisonjero folletinista que lo cuenta, Jarabe, y el artista sublime más en boga en el regio coliseo, si de Madrid se trata.

Pues bien: pregunten ustedes por las hilas de tío Selmo en el pueblo en que éste vive, y le dirán sus convecinos, uno á uno, ó á coro si se prefiere:

¡Maníficas! ¡de lo mejor!

Lo cual equivale, allí donde no hay prensa ni revisteros de salones, al reproducido suelto de los periódicos del «gran mundo».