Porque á la cocina de tío Selmo concurren, infaliblemente cada noche y todas las del invierno, amén de otros eventuales, los siguientes personajes:
Tanasio Mirojos.—Maduro de edad, largo de talla y no muy limpio de porte, mediano labrador, pero gran carretero. Gusta mucho de «estar al tanto» de lo que pasa por el mundo, y es un almacén de cuentos y romances.
Pólito Redondo.—Cuadrado de espaldas, angosto de frente, recio de pelo y barba, cetrino de color y duro de entendimiento. Amaña, es decir, resume todo lo que oye á los demás para comprender algo de ello; pero al cabo se queda siempre en ayunas, porque tiene peores amañadores que entendederas.
Lencio, Cencío, Delencio, Endilencio, ó como ustedes quieran, pues por todo responde menos por Indalecio, como le nombró en la pila su padrino. Tiene escasos cuarenta y cinco años, y no fuma, ni vota, ni se enfada nunca; su fuerte es la elocuencia; y como también es erúdito, resuelve de plano cuantas dudas científicas, históricas, ortográficas y etimológicas se le consultan. Pone la pluma como un maestro de escuela, y no hay cuenta que se le resista, desde las de medio-partir y partir por entero, hasta las de cuartos-reales y compañías inclusive.
Gorio Tejares.—Ex-soldado del ejército, ha corrido muchas tierras, y no se la deja pegar de ningún listo. Trató con intimidad, durante el servicio, á todos los generales por quienes se le pregunta. O'Donnell le convidaba á café y copa tres veces á la semana, y pasando un día con su regimiento por la Plaza de Palacio, la Reina, que estaba al balcón, le echó los galones de sargento. Pudo haber llegado á capitán; pero le tiraba mucho el pueblo, y no quiso reengancharse.
El Polido.—Corto de estatura, flaco y torcido de piernas y chupado de jeta, mal vestido y peor alimentado. Su manía es hacer creer á los demás, siempre y á todas horas, que acaba de comer y que revienta de harto.
Tío Ginojo.—Más antiguo en el mundo que las viruelas, sordo de un oído, torpe del otro y sin pizca de memoria: se duerme en cuanto se sienta.
Silguero.—Mozo presumido y seductor irresistible, bailarín consumado y, sobre todo, gran entonador de Kiries, Glorias y Credos en misa mayor; habilidad que constituye su mayor orgullo y le ha valido el honroso mote, mal pronunciado, de Jilguero, con que se le conoce.
Tía Cimiana.—Mujer de Tanasio: «tiene gloria en las manos» para cortar sayas y jubones, y es por eso la única costudera del pueblo.
Sabel.—Moza robusta y potente, ancha de encuentros y caderas, alegre de ojos y suelta de lengua.