Chiscona.—Digna pareja de Pólito, y no hay más que decir de ella.

Clavellina.—La antítesis de Sabel, pequeñita, sonrosada, muy compuesta y algo parada.

Mari-Juana.—Mujer de seis pies de talla, flaca y curtida, es una notabilidad para salar tocino y curar de la palotilla á las chicas pálidas.

Y la Rijiosa.—Apreciable mitad del Polido, con un genio de doscientos mil demonios, pero con una gracia especial para sembrar á chorco y empozar lino.

Es decir, lo más escogido de la buena sociedad del barrio.

Las mujeres van á la hila provistas de rueca y mocío de estopa ó madeja de cerro. Por una excepción, que se comprende bien, tía Cimiana suele llevar obra de aguja y tijera, según se encuentra de atareada. Los hombres no llevan nada, ó, cuando más, un taco de madera para una llavija, ó un haz de mimbres retorcidos para peales.

Para colocar á todos los tertuliantes, hay en la cocina del tío Selmo tres grandes bancos de roble, muy ahumados, que, con el largo poyo de la pared, forman un espacioso rectángulo, dentro del cual queda la lumbre, en llar bajo, ó sea en el santo suelo.

No hay, como ustedes pueden comprender, lacayo que vaya anunciando á las personas que llegan. Allí se cuela todo el mundo como Pedro por su casa. De todos modos, sería ociosa aquella ceremonia, pues mucho antes de que el tertuliano se anuncie á sí propio en la cocina con el saludo obligado de «Dios sea aquí», «el Señor nos acompañe» ú otro del mismo laudable género, se ha dado á conocer perfectamente. Tío Ginojo, por ejemplo, porque se le oye dar en la calleja una en los morrillos y ciento en las pozas con sus almadreñas; el Polido, porque las que calza, no teniendo clavos y siendo muy viejas y desiguales entre sí, suenan á madera rota; Pólito, que las gasta con tarugos, porque cuando pisa con ellos, sus golpes parecen de mazo de encambar; Silguero, por las tiranas que entona; Mari-Juana, por los golpes de tos «que la ajuegan»; Gorio, por las dianas que silba, etc., etc.

Que las mujeres van á hilar á casa de tío Selmo, debe haberse presumido desde el instante en que yo dije que llevan rueca y lino.

Con este dato, adivine el perspicaz lector por qué se llaman hilas y no soirées ni recepciones las tertulias montañesas del género y calidad de la que voy á describir.