—¡Juy, quién fuera capitán de ese regimiento!

—Este regimiento se gubierna él solo tan guapamente.

—Pero la soledá es muy triste.

—Más vale solo que mal acompañao.

—Se estima la fineza.

—No apretes el huso, que se va á cascar el hilo.

—Es que me hace cosquillas en la palma de la mano.

—Muy fino tienes el pellejo.

—Más que el corazón, que á puro desaire de una que yo sé, se va pusiendo más recio que el cuero de una mochila.

—¡Jesús, qué antusiasmo!