—Por lo demás, á mí me hubiera tenido más cuenta rozarle, pues crea usté que yo salí perdiendo al comprarle por el vallado que le puse.
—Según fuera el bardal, don Hermenegildo.
—Pues hágase usté cuenta que como dos veces este cuarto.
—Entonces no era una gran cosa.
—Sí; pero cuente usté que cerré con el bardal toda la llanura en que estaba, y que esta llanura, que es lo que se llama el Sel de Abajo, pasa de ochenta carros de tierra.
—¡Ya!
—Conque ya ve usté que el vallado que rodea todo ese terreno tiene que valer mucho más que el bardal.
—Naturalmente, señor don Hermenegildo. Y diga usted: ¿ese terreno era de común aprovechamiento?
—Sí, señor.
—¿Y usted le cerró sin cumplir antes los requisitos legales?