—Te digo que yo, y me sobro pa ello.

—¡Si no ha nacío tovía el que sea auto pa tanto!

—Que te digo que yo solo me sobro.

—¿Y serás capaz de sostenerlo?

—Cuando quieras.

—¿Á que no me lo dices en la calle?

—¡Por vida de toas mis entrañas!... Vamos á la calle y verás si yo no soy más hombre que el mundo entero ahí y en tous laus.

Ya tenemos la comedia junto á nosotros: verás qué desenlace.

—Ya me lo estás dijiendo aquí.

—Pos aquí tarrepito que en tí y en toa tu arrastrá prisapia, ¡baldragazas!