—Dios te ilumine, Gorio,—le dijo con suavidad el señor cura.

El borracho se fijó entonces con más empeño en don Perfecto; se restregó los ojos en seguida, y derribando perezosamente de un revés el oscilante sombrero de la coronilla,

—Perdone usté, señor dd...ddiácono—tartamudeó;—creí que eras... ¡Me valga Dios, qué juriacán sopla de esta banda!...

—Pero, hombre, ¡si está una tarde magnífica!

—¿Mosolina dice usté, señor a...cólito? Mosolina no... La cogí con... ¡brrrrrumbssh!... con rioja... Un hombre como yo no gasta menos... Oye, Teresona, tarascona, dame... ¡aachhhis! dame... los...

—¿Qué es lo que quieres, hombre de Dios?—respondió Teresa casi llorando.

—Quiero las... ¡Menuda paliza te vas á chumpar esta tarde! Cuando te digo que te vas á relamber de gusto... Misté, don prisbítero, cuando yo echo la mano por salva la parte á Teresona, y le aministro un par de morrás á mi gusto, vamos, no me cambio por...

—Pues eso es muy mal hecho, Gorio, y de ello tienes que dar cuenta á Dios.

—¿Á Dios?... ¿á Dios... padre... sssuddiácono? Verá usté quién es Dios ahora mesmo. «¿Quién es Dios, niño?—Respondo: la cosa más... más...». ¡Por vida de!... Y ahora que me alcuerdo, ¿qué haces tú en mi casa con ese camisolín de seda y ese futifraque?... ¿Te debo yo algo?... Vamos á ver, ¿te debo yo algo?

—Nada me debes, Gorio.