2.°. Que nada les intimida ni les detiene en sus incesantes campañas más que los raqueros del Muelle, que son indomesticables é irresistibles por naturaleza y por educación.
II
He apuntado algunos de los rasgos característicos de la vida malhechora de mis personajes, omitiendo otros, porque, sobre ser de la naturaleza de los referidos, son tantos que no cabrían en un libro.
Debo ahora cambiar el cuadro de faz y presentársele al lector por la del martirio; y abrigo la esperanza de que de este modo concluirá por compadecer de todo corazón, como las compadezco yo, á esas pobres criaturas.
Persíguelas implacable á todas partes la vara del polizonte. Estos hombres, insensibles á cuanto les rodea, sólo dan señales de actividad y de inefable regocijo cuando se trata de dejar su junco flexible marcado en las nalgas de los revoltosos chicos.
Cuando éstos juegan á la pelota ó á la birla, tienen un par de centinelas de vista que á cada paso les interrumpen la diversión con el grito alarmante de ¡agua!, señal infalible de que la policía se acerca.
Otras veces, en medio de la escena más deliciosa, se les aparece una mujer descalza y mal ataviada, por lo común en cinta: es la madre de uno de ellos. Coge á su hijo por donde le alcanza, y así le arrastra, administrándole de vez en cuando injurias y puntapiés, hasta la escuela. Abre la puerta, llama al maestro y le hace entrega del objeto con estas palabras:
—Ahí está: mátemele usted...
El pedagogo administra á buena cuenta un par de bofetones al chico, y más tarde cumple en él casi todo el mandato de su madre.
Ellos son los primeros arrojados á la calle, sin formación de proceso, cuando hay alboroto en algún espectáculo público; los que llevan los coscorrones del perrero en las funciones de la catedral, y los únicos á quienes se niega la entrada en ella.