Después, desde una altura, veo aparecer la llanura de Álava, que es como un anticipo de Castilla. He ahí la meseta central; su color pajizo contrasta con el verdor de la flora cantábrica, y la nobleza, la serenidad que emerge de esa llanura forma como el anverso de la violenta naturaleza montaraz en que me hallo. Y siento mi curiosidad avivada al considerar que me encuentro en una línea divisoria trascendental; es la frontera, en efecto, de dos zonas geográficas; es el límite del vascuence y del castellano; la división de la llanura y de la montaña, del color verde y del pajizo, del Cantábrico y del Mediterráneo. Las aguas de una vertiente marchan al Ebro, y de allí al mar latino; las de la otra vertiente van al Océano.....

XVII
MEDITACIÓN EN LA CUMBRE

V. de Zubiaurre, pint.

SOBRE la pequeña meseta de Urbía, sonora por el tintinear de los rebaños, alza sus crestas dentelladas la sierra de Aitzgorri, a 1.500 metros sobre el mar. Un poco más lejos, al término de la altiplanicie, se halla el lugar de la divisoria geográfica.

Es una especie de balcón, una cornisa ideal y sublime que la Naturaleza parece haber puesto allí para regalo de los ojos. Pocas personas cultas, sin embargo, pueden recibir ese obsequio natural; la penosa subida, lo desierto del país y la brusquedad de los caminos serranos, alejan a los cómodos turistas. Sólo algún pastor ocioso, siguiendo el capricho de su rebaño, se detendrá acaso en la soberbia cornisa y contemplará absorto el ancho panorama de la llanura y el azul divino de las cordilleras lejanas.