La virtud heroica sabe hacer estos milagros. Y si una colonización de comerciantes, como la holandesa, deja al cabo de los siglos que Java y Sumatra no pesen nada en el mundo, sino como almacenes de azúcar y como viveros de gentes anónimas, las naciones americanas que España creó heroicamente son cosas personales, únicas, y posibilidades magníficas en el porvenir. Ni Méjico ni el Perú carecerán nunca de valor en la Historia.

Entregados a su iniciativa, obedientes a su espontaneidad, los españoles vertieron en América su ser entero; todo su contenido social, político y religioso. Con una rapidez que asombra, las catedrales y las universidades levantaban sus torres en el aire americano. Los cabildos, como copia de la vida municipal de España, se transplantaban a las Indias y daban a aquellas regiones el tono cívico y libre que desde el principio ostentaron. El afán de poblar se mezcla con el afán heroico, y tan pronto como se ve algo exento de dificultades, Pizarro insiste en fundar la ciudad de Lima, en cuyos planos y replanteo interviene, y de cuya fundación y grandeza está tan orgulloso, tan enamorado.

CAPÍTULO VI
EL CID COMO PRECURSOR DE LOS CONQUISTADORES DE AMÉRICA

LOS hombres varían poco a través del tiempo, en cuanto a los caracteres y modos fundamentales; variamos nuestro modo de vestir, cambiamos la forma de las leyes y de los sistemas de locomoción, pero en lo íntimo somos consecuentes.

Leyendo las incomparables estrofas de Mío Cid nos encontramos con relatos y episodios que parecen escritos por un cronista del siglo XVI. Y todo el que sienta hondamente la epopeya de América, reconocerá que los conquistadores, expresa o infusamente, estaban influídos por el poema del Cid.

Muchos de los conquistadores, por su rudimentaria cultura, no conocían directamente el viejo poema castellano; pero a través de los romances, cuentos y tradiciones, es seguro que España entera se hallaba saturada del espíritu y hasta los pormenores del héroe de Vivar.

Este era un hombre representativo que asumió todas las esencias del alma española, y que, por ley natural que nunca falla, sirvió de guía y modelo a las generaciones sucedentes. El Cid, como perfecto héroe nacional, dió el tono a España, y para comprender esto no necesitamos acudir a los ejemplos literarios, como son los romances y las numerosas comedias que han surgido de los episodios del Cid; la influencia más viva y práctica la tenemos en la conquista de América.

Lo cierto es que Hernán Cortés y Francisco Pizarro efectúan sus empresas en una forma que en ocasiones parece copiada del mismo poema de Mío Cid.