El 2 de febrero el vapor Bogotá recogió su ancla, lanzó su silbido matinal, semejante al grito del salvaje, y sacudiendo con sus alas de hierro las turbias ondas del Magdalena, se deslizó rápidamente por entre los verdes y tupidos pabellones de las selvas, dejando marcada su brillante estela en las flotantes espumas que iluminaba el sol de la mañana.
¡Qué impresion tan profunda experimenta el corazon del patriota, soñador del progreso, cuando por primera vez se confia, como viajero, á esa segunda providencia, á ese espíritu invisible de la humanidad, trasfundido en el poder dé la mecánica, que se llama el vapor! La onda se humilla, corriendo fugitiva, ante ese conquistador que la surca sin temerla y la azota con las ruedas de su carro triunfal; el monstruo de las aguas busca sus grutas escondidas en el abismo, comprendiendo que el imperio del elemento líquido le pertenece á un sér infinitamente superior; y el huracan, ese Júpiter sin forma, de aliento destructor, que impera sobre las soledades del páramo, de la selva, del arenal y del océano, parece amansarse en presencia de ese viajero que opone á las conmociones supremas de la creacion la fuerza misteriosa de la ciencia triunfante!
¡El Vapor! ¡ah! qué espectáculo para un hombre de fe! Esa maravilla resumía para mí todos los progresos y la gloria del hombre, toda la divinidad de este sér que, hecho á semejanza moral de Dios, lleva en su mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada rueda, cada cilindro, cada miembro de la máquina del Bogotá me parecía la imagen de cada uno de los músculos y los órganos vitales del hombre, Allí estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque esa máquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espíritu, la luz, la civilizacion, el progreso indefinido y eterno.
Mi alma se sintió dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre el puente de proa, al lado de los timoneros, contemplé con inmenso placer el cielo trasparente y azul, las altas serranías de los Andes, las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi corazón agradecido, bendecía todas las revoluciones, los heroicos esfuerzos y la abnegación de los hombres y los pueblos que, dando su sangre á lo pasado, le han conquistado á la posteridad los progresos de la época actual y del porvenir.
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Hasta el puerto de Nare todo es variado y pintoresco, de Conejo para abajo. La vecindad de las serranías permite las inflexiones del terreno, y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques gigantescos ó las pequeñas llanuras que terminan en el rio, como admira la lujosa vegetación intermediaria; los altos rocas de arenisca petrificada; las sombrías bocas del Tigrito y otros riachuelos cuyo cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y abundantes de los ríos Negro y La Miel, que sostienen á una y otra margen la cinta turquí de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena al principio; el pintoresco caserío de Buena-Vista, situado sobre una barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo fondo oscuro se dibujan los mástiles de los cocoteros y el blanco muro de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen á darle al paisaje variedad y encanto.
Poco mas arriba de Nare la monotonía empieza, y los bosques interminables de guarumos, árbol de color gris claro que parece un fantasma en esqueleto, le dan á las orillas un aspecto de tristeza y esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un distrito de miserable población y aspecto insalubre, y que, salvo dos ó tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana. Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de su embocadura.
En Nare se engrosó el número de los pasajeros con un robusto Escoces, explotador de minas, un dentista, que forzosamente resultó ser yankee, y un antioqueño que, tan luego como entró al vapor, promovió una rifa, y empezó sus especulaciones. Los antioqueños, descendientes en su mayor parte de una expedicion de judíos de la época de Felipe III, son los Israelitas de la Nueva Granada, en punto á negocios y viajes, aunque en materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses.
Una legua abajo de Nare está la famosa Angostura, terror de los navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena, ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo, interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;—la vegetacion, sujeta á las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida y áspera, y las serranías se pierden de vista enteramente. Ya no queda allí sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza.
El 3 de febrero ¡qué de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor Antioquia, que subia de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pájaro rozando apenas las ondas del Magdalena. Y allí de los gritos de alegría, los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los silbidos galantes de las válvulas de las locomotivas, y las burlas recíprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor Antioquia llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes, sin duda no-asegurados, y por lo mismo su viaje era doblemente interesante.