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CAPITULO VI.
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SEVILLA.
Idea general de la ciudad.—Panorama circunvecino.—El tipo sevillano.—Costumbres sevillanas.
La ponderada hermosura de Sevilla y de la inmensa llanura que la rodea, me hacia desear vivamente la ocasion de contemplarla en su totalidad. Su situacion y configuracion indican naturalmente la ascension á la torre de la Giralda, ante todo, para admirar el panorama entero á vista de pájaro. Ya instalados en el hermoso hotel de «Londres» (uno de los muchos elegantes y muy bien servidos que tiene la ciudad) atravesamos la espléndida plaza de la infanta Isabel, desde la cual veiamos la masa colosal de la famosa torre, visible de casi todas las calles de Sevilla. A unos trescientos metros de la plaza hallamos la admirable catedral y la torre, esta situada hácia atras y formando un edificio aparte, aunque ligado por construcciones posteriores.
Nada mas grandioso que ese monumento de cúpula fulgurante, que brilla al rayo del sol como una inmensa joya suspendida en el éter. Al mirarla se siente uno lleno de admiracion por la grandiosa sencillez que le quiso dar el genio oriental ó morisco. Aquel arcángel aéreo de bronce dorado que corona la cúpula y gira como una veleta, tiene no sé qué de celeste que provoca á escalar la altura para hundir la mirada alternativamente en el cielo y en el mar de casas resplandecientes y de campiñas admirables que las rodean. La torre, perfectamente cuadrada en su parte morisca hasta una altura muy considerable, fué terminada mucho tiempo después de la conquista, y por desgracia con un estilo del todo diferente. Así, hasta la región de las campanas se ve la civilización del árabe, rematando su obra la arquitectura refinada del Renacimiento. La elevación total de la Giralda es de 364 piés, siendo por lo mismo la mas elevada que existe en España. El cuerpo de la torre tiene 50 piés por lado. Éntrase á ella por una miserable puertecita, y se sube hasta la enorme altura de las campanas por 35 rampas ó corredores inclinados, sin gradería ninguna. Después, por escaleritas de mano muy estrechas, se puede hacer la peligrosa ascensión hasta la figura de bronce que tiene el nombre de Giralda. Allí se siente como un vértigo…algo que se parece al extravagante deseo de volar sobre los abismos.
El espectáculo que se contempla desde allí es de una hermosura suprema, mas espléndido aún (excepto la vista del mar) que él de Valencia. De un lado se ven muy lejos vagamente las montañas de la sierra de Ronda que terminan la cadena de la Sierra-Nevada. Del otro las llanuras del bajo Guadalquivir, perdiéndose en el horizonte en la direccion del océano. Al norte se ven mas ó menos las montañas de Córdoba, contrafuertes de la Sierra-Morena Por último, tendiendo la vista al oriente, en la dirección de la alta Andalucía, se ven llanuras hermosas que se van levantando insensiblemente hasta perderse en las ondulaciones de colinas y cerros que giran por el centro de la hoya del Guadalquivir hacia Jaén. El horizonte es inmenso y admirablemente bello.
Recogiendo la mirada en un círculo menor, se ve por todos lados la opulenta llanura, primorosa por su cultivo, esmerado, sus numerosas poblaciones, sus graciosos cortijos, sus enjambres de pequeños rebaños, de casas campestres, de huertos y jardines, y sus laberintos de arboledas ya en grupos mas ó menos extensos, ya en hileras ó en calles resplandecientes de verdura, donde alternan los naranjales con los viñas, los interminables olivares con las sementeras de hortalizas, cereales, etc. Y por en medio de la vastísima llanura va caracoleando el lento Guadalquivir, como una cinta gris, haciendo las mas graciosas vueltas y revueltas.
Localidades mas ó menos considerables, pero todas industriosas y de un aspecto homogéneo, se multiplican en todas direcciones. Allá se ven sucesivamente, con el auxilio del anteojo ó sin él (en la dirección de la carretera de Ecija y Córdoba), los pueblos de Alcalá-de-Guadaira y Mairena, y luego los cerros (llenos de poblaciones también) que dominan á la ciudad de Carmona, bastante populosa. Por otro lado (hacia Jerez) Utrera y Oran; y á la derecha del Guadalquivir, entre otras muchas poblaciones, San-Lucar-la-Mayor, Encarnacion y Alcalá-del-rio.