—Pues yo no puedo tenerme; pero esta diligencia que salta como una cabra no me deja dormir.

—¡Y qué remedio, tio!

—Este caballero, añadió dirigiéndose á mí, debe de estar muy incómodo….

—Oh, no Señor. He pasado la noche en una posada y no necesito ya dormir.

—Verdad; pero ya ve Usté, ese asiento del medio es tan desagradable….

—¡Bah! le repuse, no es cosa de impacientarse. Y al cabo, un solo dia de camino se pasa de cualquier modo.

—¡Hola! va U. de largo? me dijo con interes disimulado.

—Hasta Valladolid.

—Pues nosotros tambien.

—Mucho lo celebro.