Desde que se cruza la cordillera se produce un pequeño sistema hidrográfico distinto, que tiende hacia el golfo de Gascuña, teniendo por principales elementos los bellos ríos llamados Deva, Arga, Bolívar, etc. Después la via toca en Vergara (célebre por el convenio que puso fin á la guerra civil) y otros diez pueblos de mayor ó menor importancia, con un total de 7,900 habitantes, y la diligencia se detiene en la ciudad de Tolosa, que cuenta 7,639.

Tolosa, en otras épocas capital de la provincia de Guipúzcoa, está situada á orillas de los ríos Oria y Arages. La regularidad de sus nueve calles rectas que se cruzan, encerradas dentro de las murallas; el capricho de sus diez barrios exteriores; la alegría de su valle, surcado por numerosas corrientes y cuajado de árboles frutales y hortalizas, y la importancia de sus fábricas y de algunos edificios públicos, le dan un aspecto agradable. Tolosa tiene el cuarto lugar entre las ciudades vascongadas, por su poblacion y condiciones sociales.

Desde Tolosa hasta San Sebastian, en un trayecto de 23 kilómetros, la vía toca en tres pueblos (con 2,886 vecinos) graciosamente situados á orillas del Oria, pequeño rio que caracolea por el fondo de frescos y risueños vallecitos, entre las faldas de muchos cerros, donde los numerosos y pulcros caseríos, los bosques de las cumbres y el esmerado cultivo de los campos producen un conjunto de paisajes á cual mas pintorescos y variados.

Al cabo se sale, al valle marítimo de San Sebastian, ciudad notable por sus baños, por sus fortificaciones y sobre todo por la muy curiosa formación hidrográfica que la rodea. Demora en una península al pié de un alto peñasco qué cierra por un lado el pequeñito lago marítimo (lugar de los famosos baños) en donde desemboca el rio Urumea, que baña el valle de Loyola, y el de San Sebastian. Esta bonita ciudad, capital de la provincia de Guipúzcoa, cuenta cerca de 16,000 habitantes; es de una singular regularidad á causa de su moderna reconstruccion, pues fue destruida por las tropas hispano-inglesas, en 1813, en la guerra contra Napoleón. Plaza de bastante animación comercial, se distingue por su aspecto de elegancia y gusto, y su posición le procura hermosísimas vistas sobre los Pirineos, el valle de Loyola y el Océano.

En breve la carretera toca en el pueblo de Rentería, sigue por entre montañas, á alguna distancia de Fuenterrabía (pequeña ciudad de 2,134 vecinos, famosa en la historia militar de España), situada hácia la desembocadura del Bidasoa, y conduce á la villa de Irun (de mas de 5,500 habitantes), último pueblo del territorio español. Allí los pasaportes salen á luz y reciben una nota que le cuesta cinco francos al viajero, sin perjuicio de registros y derechos al pasar la frontera. El Bidasoa corre manso y cristalino por un bonito valle, arrastrando en gran cantidad las maderas que produce Navarra. Naturalmente llama la atencion la isla de los Faisanes por la sola circunstancia de haber sido el teatro de ese famoso tratado de Don Luis de Haro, que en 1689 puso fin á la guerra de sucesion y dió lugar al advenimiento de los Borbones en España.

El centro de un largo puente sobre el rio es en aquella parte la línea fronteriza. No deja de ser curiosa la escena social que allí se ve, como en todas las fronteras de Europa, y que prueba la insensatez del egoismo de los gobiernos, empeñados en hacer artificiales las relaciones de los pueblos, sustituyendo la desconfianza inquisitorial á la espontaneidad de los intereses. Aquel puente parece un símbolo de union entre las dos naciones; pero los piquetes de soldados, guardas y gendarmas que estacionan en las dos extremidades, como mirándose de hito en hito y representando la desconfianza egoista de cada gobierno, me parecieron protestas vivientes contra la idea natural y social representada por la piedra muda del puente. La piedra se mostraba mas fraternal que los hombres.

Dominado por esta última impresion, entré á Francia con tristeza, dejando un suspiro do fraternal cariño á la patria de mis mayores, un tiempo conquistadora y enemiga de la mia, pero hoy algo reconciliada con esta por el trascurso del tiempo y el influjo de la civilizacion.

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CAPITULO V.

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