Entre los monumentos y varias curiosidades que visité durante mi corta permanencia en Lóndres, no olvidaré dos de un género histórico y artístico que merecen atencion, aunque de carácter muy secundario; tales son: el Diorama y la Galería de madama Tussaud.
El Diorama, establecido en el centro de la plaza de Leicester, es un edificio circular, cubierto con una cúpula de cristal, y muy semejante al cuerpo central del Colosseum, aunque mucho ménos grande. Comprende una exposicion de objetos algo curiosos de etnografía, y es al mismo tiempo diorama, panorama y cosmorama.—Allí se dicta todos los dias una leccion de geografía muy útil para los que necesitan nociones elementales. Lo que en el Colosseum presenta el panorama de Lóndres, en el Diorama ofrece en una concavidad circular la imágen en relieve del globo terrestre, con la demarcacion exacta de los mares, los continentes y las islas. El trabajo es ingenioso y muy interesante como elemental.
En la parte baja del edificio se encuentran los mas curiosos grupos de indios, negros, chinos, europeos, etc., con sus vestidos, armas y mil especialidades, que ofrecen el cuadro de la fisonomía de casi todas las razas de la tierra, y una multitud de nociones históricas para instruccion del vulgo ó de las gentes de mediocre educacion. No faltan allí muchas muestras de objetos algo raros en todas las bellas artes, la mecánica, la navegacion, etc., que atraen justamente las miradas del visitante curioso. Aquel establecimiento me pareció no solo un bonito museo, sino un bello instituto democrático destinado á enseñar á las clases pobres, con suma facilidad y baratura, los elementos de la geografía, ciencia tan útil y simpática de por sí, como fecunda en mil resultados para la industria, el comercio, las letras y la política. Sería una gran fortuna que ese instituto-pasatiempo fuese imitado en las principales ciudades de las repúblicas colombianas.
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La Galería histórica y artística de madama Tussaud, tan afamada en el mundo, continúa con toda su popularidad en Lóndres, gracias á la perseverancia de los herederos de la artista original que la fundó. Es una encantadora curiosidad que ningun extranjero debe dejar de visitar y que, léjos de perder su interes, lo aumenta á medida que el tiempo aleja mas á los personajes puestos en escena. Lo describiré rápidamente para que se vea todo el partido que de alli puede sacar el viajero observador.
La descripcion de la localidad es inútil; los salones son como cualesquiera otros, y su distribucion depende solo de la clasificacion de los objetos históricos. Una iluminacion magnífica, un concierto permanente y cierto lujo artístico de decoracion, que hace juego con enormes espejos para aumentar la ilusion,—tales son los accesorios que realzan el mérito de la galería, dividida en cuatro partes. Desgraciadamente las divisiones no están arregladas á épocas históricas, rigorosamente, lo que da lugar á algunos anacronismos. Toda la galería, salvo algunos objetos históricos y mecanismos famosos, se compone de estatuas, de formas perfectamente naturales, ó de bustos ó cabezas, todas fabricadas con cera blanca, imitando con admirable perfeccion las fisonomías, las actitudes, la expresion y cuanto ha sido característico en cada uno de los muchos personajes representados allí.
La perfeccion artística de los bustos y las figuras es tal, que el visitante se siente a veces tentado á saludar respetuosamente á esos personajes de cera ó entablar conversacion con ellos. Por ejemplo, al pasar de un salon a otro, está sentado bajo el umbral un pobre viejo que lee con atencion, sin mirar á nadie; y como es imposible dejar de pisarle y estrujarlo al pasar, porque el hueco es muy estrecho, el buen viejo alza la cabeza y mira con extrañeza al visitante descortes. Este no puede ménos (y á mí me sucedió) que presentarle excusas y pedirle perdon. El viejo lector no responde, vuelve á agachar la cabeza y continúa su lectura. Después viene uno á saber que su hombre es de cera, y que su movimiento muscular es debido á un mecanismo.
Los vestidos, todos conformes a la época y los usos de cada personaje, aumentan la ilusion poderosamente. Aquellas figuras parecen agitadas por una corriente oculta de electricidad nerviosa; sus miradas son vivas y elocuentes; sus sonrisas expresivas, su actitud imita enteramente la vitalidad. Tal parece como si el pensamiento calentase aquellos cerebros de cera y animase sus gestos; y el visitante se impresiona de tal modo, que por momentos cree que la voz va á salir de los labios casi convulsos de aquellos séres artísticos, que tienen el calor, el aliento, la luz y la fascinapion de la vida física y moral.
En la galería, tan presto se ven los personajes en grupos homogéneos como aislados á ciertas distancias. Entre la multitud de personajes aislados, ora históricos, ora contemporáneos, se distinguen principalmente, por su interés ó por el mérito artístico de las figuras:—Guttemberg, meditando en su invento;—Shakspeare, sombrío y burlon al mismo tiempo;—Pedro el Grande, en su traje de carpintero en Holanda;—Newton, ideando su admirable sistema del mundo físico;—Voltaire, con su fisonomia de zorra, su sonrisa irónica y su mirada de apóstol;—Rousseau, pensativo y dulce como la idea de redencion que le dominó;—Walter Scott, con su actitud tranquila, como la poesía risueña que inspiró su gran genio;—Byron, sombrío y lanzando de su ojo de fuego algo como la luz del rayo ó como las revelaciones de un poema terrible. De otro lado se ven figuras de una personalidad especial: aquí Nana-Sahib en gran pompa y fumando en su pipa llena de pedrerías, sentado á estilo oriental; allí O'Connell, en la actitud del orador; mas acá Abd-el-Kader, con su sable de árabe defendiendo la independencia de su pueblo; allá Manín ú otro de los mártires de la libertad que han personificado una causa.
Los grupos son aún mas interesantes por el juego y contraste de las fisonomías y actitudes, y por los hechos históricos que ellos personifican. En una parte los Girondinos, condenados á muerte,—Carlota Corday matando á Marat, ó un grupo de Bobespierre, Danton y otros jacobinos;—en otro sitio, Milton rodeado de sus hijas, dictándoles su admirable «Paraíso perdido;» en el centro de un salon, Napoleon con todos los soberanos y principales ministros de su época imperial; en el de otra sala los monarcas; presididos por Victoria y el emperador Napoleon Bonaparte. En un rincon figuran: Isabel la católica, Fernando, su marido, y el inmortal Colomb; en otro sitio, Lutero enseñando su doctrina, ó Calvino demostrando la justicia del libre exámen.