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CAPITULO II.

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LA CIUDAD DE LYON.

Hidrografía.—Varios objetos,—El Palacio de las Artes,—Un contraste curioso.—Varios monumentos.—Las fábricas de sederías.

Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion, por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle Imperial, reputada como una de las mas hermosas de Europa.

A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son muy notables por su belleza y elegancia: la de Bellecour ó Luis el Grande, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de Napoleon, con la estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del ferrocarril llamada de Perrache; la plaza Imperial, que es una especie de square, muy bonita, y la de Terreaux, en la cual se encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las Artes ó de San Pedro. La plaza de Tholozan, á la orilla derecha del Ródano, no es notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes.

La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad antigua, que ellos llamaron Lugdunum, estuvo toda sobre la colina y faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor. Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas construcciones que rejuvenecen la ciudad.

Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y llaman justamente la atencion del viajero.

Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así como por su solidez, el Palacio de Justicia, sobre la margen derecha del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios, ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay innumerables tiendas y almacenes de todas clases.