¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se llama gloria ó amor, para otros ambicion ó interes de fortuna; para muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad, donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos plátanos orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle Canebière la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo que se llama el barrio de la Joliette, y está limitado por los nuevos puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá 150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur, hasta tocar con las encantadoras alamedas del Prado, orilladas por preciosas quíntas-palacios á estilo de las villas italianas, donde el mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles, los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería, se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que pueblan el nuevo puerto de los Docks (Diques), cercado de almacenes de depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, San Juan y San Nicolás, cierran y defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo de If, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate Faria en la admirable novela del Conde de Monte-Cristo.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar, inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora….

Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago, ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastísimo para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,—el importe de su fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de náutica.

Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien servidos, y numerosos establecimientos de crédito.