Ese monumento me hizo fijarme en una observacion curiosa que he podido repetir en muchos lugares de España. Los Franceses, invasores y sacrificadores en la época del primer imperio, son muy simpáticos en España; en tanto que los Ingleses, que le ayudaron al pueblo español á rechazar la invasion, no gozan de simpatías en la península. ¿De qué depende ese contraste al parecer injusto? Es que las razas llamadas latinas en Europa, tienen por distintivo esencial de su carácter la abnegacion, el heroismo y la iniciativa espiritual; y la nacion francesa, que á pesar de sus defectos políticos, es la primera en todo lo que es generoso y magnánimo, ha adquirido un inmenso é indestructible prestigio sobre los pueblos que se le asimilan.

Ademas, los Españoles han hecho, como lo hace todo extranjero que visita el pais, una observacion muy importante. Durante la guerra de 1808, los Franceses, como enemigos, hicieron volar muchas fortalezas, pero construyeron puentes, teatros y otras obras; en tanto que los Ingleses, como aliados, aprovecharon la oportunidad para destruir en España las fábricas de porcelanas, paños y otros artículos, que podian hacerles competencia. Muchas veces los amigos hacen mas daño que los enemigos.

Madrid posee siete ú ocho teatros, aunque regularmente no funcionan sino cinco: el de la Opera, el Frances, el de la Zarzuela y dos de dramas y comedias, con acompañamiento de baile, etc. Los demas son insignificantes. Con excepcion del Teatro real ó de la ópera, que es espléndido, suntuoso, muy vasto, bello como monumento y uno de los mas grandiosos de Europa, en su género, los demas, aunque bonitos en su interior, carecen de positivo mérito en sus formas. Mas adelante hablaré de la situacion del arte dramático en Madrid, como un elemento de la vida social.

Perdóneseme que pase de los monumentos personales y los teatros, ex abrupto, á las caballerizas reales, monumento elevado á los caballos y las mulas de la Corte con mucho mayor esmero que las vergonzantes estatuas ó columnas consagradas á la gloria de los grandes genios. Si de la transicion surge un curioso epígrama, la culpa no es por cierto mia.

Las caballerizas reales son consideradas (con mucha razon por desgracia) como una de las maravillas de España, el país por excelencia de los contrastes y extraños fenómenos sociales. La Corte, que ocupa el palacio real (que no pude visitar por estar presente la reina), tiene á su derecha casi todas las Legaciones extranjeras, y á la izquierda las caballerizas: las unas que tiran del coche de la nacion española, cada cual por su lado; las otras que sirven para las carrozas de la reina de España. No sé de qué lado tirarán con mas fuerza ó habrá genios mal recalcitrantes.

Un inmenso palacio, aunque no de condiciones aristocráticas, sirve de alojamiento á los dichosos brutos que tienen el honor de llevar sobre sus lomos á las personas de la Corte ó tirar sus doradas carrozas y berlinas. El edificio está dividido en grandes compartimientos adecuados para guardar los carruajes y arreos, en asombrosa profusion; abrigar los potros y las yeguas de primer órden, que están allí como joyas de primor; alojar setenta soberbios caballos de tiro, otros tantos de silla, doscientas mulas para los coches de palacio, y un enjambre de lacayos y mozos puestos al servicio de sus amos, cuadrúpedos de sangre azul. Los dignos brutos están todos enjaezados con hermosas libreas en sus magnificas é interminables cuadras, y parecen enorgullecerse al recibir las visitas de tantos extranjeros, ya pateando con garbosa satisfaccion, ya irguiendo sus lustrosos cuellos y sus abundantes y crespas colas, como cisnes terrestres. La gualdrapa que viste cada uno de esos miembros de la aristocracia de los brutos, vale mas que todo el vestido que un labriego español puede consumir en un año. Cada caballo es un príncipe, con su corte de lacayos, cada yegua una jóven mimada, y cada mula una matrona respetable y corpulenta que, al mirar con desden al Español plebeyo que se acerca, parece tener la conciencia de su dignidad y su grandeza.

Todo el edificio es admirable por la cómoda distribucion, el aseo, la magnificencia de las razas de brutos y el buen servicio. Pero despues de admirarlo pregunté si la Corte no permitia la propagacion en el país de aquellas razas superiores, procedentes de diversas regiones del mundo, y me dijeron que no. Todos esos tesoros son, pues, de puro lujo, sin utilidad para el Estado. Y ese palacio de los brutos ha costado millones, esos animales valen millones, y su manutencion espléndida cuesta enormes sumas anuales. Entre tanto, hay poblaciones enteras de mendigos, hay millares de familias que habitan cuevas practicadas en los barrancos, hay canales cegados, puertos inseguros, rios sin puentes, calles sin salubridad, y muchas miserias que remediar y obstáculos que remover….

Parece que no alcanza el dinero para hacer todo eso, ni hay urgencia, puesto que las mulas no tienen novedad en su importante salud.

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CAPITULO II.