—Bah, gaznápiro! quién te ha dicho que Su Majestad corre como el chorro de tu molino?
—Diantre! si se hace esperar!
—Si así se portara el Recaudador!…
—Que nos sirvan refrescos miéntras viene!—gritaba otro mas atolondrado.
—Y si no viene?
—Será mas largo el refresco.
—Sí; comeremos mas! El emperador pagará todo!
—Viva el emperador!
Mas adelante, al ver que llegaba nuestro tren, un paisano poco erudito en geografía y otras cosas, gritó con todos sus pulmones:
—Bravo! viva el emperador!