—Bruto!—le dijo uno de los compañeros,—¿no ves que ese tren viene de
Paris?

—Y ¿qué me importa eso, si me han encargado que grite cuando llegue el tren?

—Tambien podia ser de carbon ó leña, y serías capaz de tomarlo por el tren imperial….

—Aguarda un poco, Juanillo, añadió otro; ya tendrás ocasion de gritar y dejar contento al alcalde.

En otra estacion, al notar que renovaban el agua en las calderas de la locomotiva, un paisano mazorral observó:

—Diantre! hasta la máquina bebe, miéntras que yo estoy á seco!

—Ella bebe á la salud de la compañía, dijo un chusco, aludiendo á los viajeros del tren.

Y cada cual agregaba una tosca chanzoneta ó un retruécano del mas rústico ingenio. Á este propósito me permitiré una digresion respecto del tipo social en escena.

El paisano frances tiene cualidades muy características que le hacen digno de atencion. Mas tarde tuve ocasion de observarlo así en varias excursiones hechas á los departamentos del centro y del oeste, y en las escenas semi-campestres de las cercanías de Paris. Curioso y desconfiado por igual, todo le llama la atencion, pero lo observa todo con cautela y recelo. Detesta ó teme la guerra, pero se encanta con las escenas militares, por lo que tienen de pintoresco y sorprendente, porque en el fondo de su carácter esencialmente conservador, reácio al progreso y apegado á las tradiciones, hay cierta veleidad de novelería que le tienta á inquirir en las poblaciones todo lo que tiene el sello de lo desconocido, ó que es superior á los alcances, los hábitos y las nociones que implica la vida campestre.

A la desconfianza y la curiosidad se añaden en el paisano frances (de las regiones no montañosas) un rasgo que es comun á todas las clases del país,—el genio burlon y epigramático,—y dos mas que le son peculiares al hombre del campo: cierto instinto diplomático, y una tendencia enérgica hácia la propiedad territorial. Su inteligencia es lenta en la comprension de las cosas y carece de la soltura y ardentía que provienen de la imaginacion. Pero él sabe rumiar una idea, revolverla, pesarla y digerirla con calma y malicia, y acaba siempre por trazarse un plan en cuya ejecucion persiste con invencible tenacidad.