La Universidad de Lieja, que es una de las dos sostenidas en Bélgica con fondos del Estado, se halla establecida en los edificios del antiguo convento de Jesuitas, y data apénas de 1817. Como monumento, la Universidad no tiene nada muy notable; pero como instituto es interesante no solo por los museos, colecciones científicas y biblioteca que contiene, sino tambien por el papel que hace en esa lucha vigorosa de los partidos belgas, ejerciendo su influencia en apoyo del liberalismo, lucha en que las cuatro universidades del país (dos de ellas libres) intervienen muy activamente.

* * * * *

Al seguir el ferrocarril que de Lieja conduce á Malínas y Brusélas, por Lováina (Louvain ó Leuven) y Tirlemont, la línea recorre hasta Ans un trayecto montañoso, subiendo en plano inclinado hasta una altura de 450 piés sobre el nivel de Lieja. Así, el tren es remolcado por tres locomotivas, y se echa de ver que los trabajos de nivelacion han sido muy laboriosos. El magnífico paisaje de Lieja desaparece, y con él los hornos de fundicion y las minas de hulla. La hoya del Meusa queda atras y se entra en la del Escalda ó sus afluentes meridionales. Al país montañoso y minero de Lieja suceden las ondulosas campiñas del Brabante occidental, interesantes por sus cultivos, sus industrias de tejidos, etc. Se echa de ver que allí vive otra raza y fundó diferentes tradiciones otra civilizacion. Donde quiera se ve no sé qué de intermediario entre el tipo frances y el flamenco ú holandes algo modificado. Es como si un brazo de la vieja Alemania penetrase hasta allí para grabar en parte el sello de sus razas y su civilizacion. Ya no se nota en el gesto, en el lenguaje, en el continente y en las costumbres de las gentes, ni en el aspecto de las localidades, esa movilidad, esa franqueza y ese espíritu despierto y rápido que hacen recordar al frances en el país wallon. Todo ha cambiado de aspecto, y Lováina y Malínas, ciudades silenciosas y tranquilas, preparan el ánimo del viajero á la fuerte transicion que debe hacer pasando de Lieja á Gante ó Ambéres.

El tren se detuvo un momento al tocar en Tirlemont, pequeña ciudad de poco mas de 12,000 almas, que tiene cierto aire de alegría, no obstante la línea de sus murallas ó fortificaciones, cuya circunferencia mide un miriámetro; siendo de notar que, por una prevision poco comun, dejaron entre la ciudad y sus murallas un vasto espacio circular que se presta al cultivo y está cubierto de huertos y graciosas sementeras. Es raro que los hombres de guerra que en otro tiempo se mostraban tan cuidadosos de estrangular las ciudades con fortificaciones, hayan tenido delicadezas como la que se revela en Tirlemont, dejando á la poblacion algunos medios de subsistir en caso de sitio.

A 7 kilómetros de Tirlemont demora, sobre las dos márgenes del Dyle, riachuelo afluente del Rúpel, y por medio de este del Escalda, la triste y solitaria Lováina, cuyas murallas le dan la forma casi perfecta de un círculo. Un tiempo opulenta y populosa (con 200,000 habitantes y 4,000 fábricas de paños, en el siglo XIV) cuando la ciudad era capital del Brabante, hoy no tiene sino poco mas de 31,000 almas, gracias al bárbaro fanatismo y la intolerancia de los hombres de sotana y sable, que proscribieron á los industriosos tejedores, obligándoles á buscar asilo en Inglaterra.

Habiendo perdido su industria y teniendo su poblacion casi en la totalidad consagrada á la agricultura, Lováina carece de todo movimiento comercial y fabril. Hace gran contraste con casi todas las demas ciudades belgas, y no llama la atencion sino por su admirable Casa municipal y su Universidad, que es el cuartel general del ultramontanismo en Bélgica. Es sabido que ahora tres siglos la Universidad de Lováina tuvo en Europa gran celebridad, siendo tal vez considerada como superior á todas sus rivales de Francia, Alemania, Italia, etc. En aquellos tiempos la ciencia tenia otro carácter que en nuestro siglo, y como el ergotismo pedantesco y la teología ocupaban el primer puesto, no era extraordinario que Lováina, ciudad clásica de sotanas, obtuviese la palma. Su Universidad, que habia sido fundada en 1426, llegó á ejercer en el país una especie de omnipotencia, hasta que los Franceses la suprimieron durante su dominacion de conquista. El rey de los Países-Bajos le sostituyó en 1817 un colegio filosófico, que no fué del gusto del clero, y este restableció definitivamente la Universidad en 1835, con el carácter de libre, para hacer competencia á las de Lieja y Gante. Hoy ese instituto es el foco de todas las intrigas que se urden en Bélgica contra la causa liberal, y su audacia se manifiesta tanto en las polémicas de la prensa como en las luchas eleccionarias y los debates parlamentarios.

Bélgica es el país clásico de esos palacios de la clase media y de las muchedumbres, llamados: Casa municipal ó Palacio de la ciudad, monumentos admirables que conservan las mas notables tradiciones de las luchas y libertades de las ciudades antiguas. Bajo este aspecto, Brusélas, Gante, Brujas, Audenarde, Mons y aun Ambéres se distinguen por sus palacios municipales; pero Lováina las sobrepuja á todas con el suyo, que es un primoroso modelo de elegancia y armonía en el arte gótico florido, precursor, en el siglo XV, del Renacimiento.

* * * * *

En Bélgica el paso de una ciudad importante á otra tiene apénas las proporciones de un paseo, de manera que en pocas horas puede el viajero trasladarse sin fatiga desde Verviers hasta Ostende ó Courtrai, pasando por una cadena de ciudades tan importantes como Lieja, Lováina, Malínas, Brusélas, Gante, y Brujas Los ferrocarriles cruzan de tal modo la diminuta pero opulenta Bélgica, que el tránsito de una ciudad á otra equivale, en aquel hogar de cerca de 5,000,000 de hombres libres, al que se hace en una casa comoda y bien servida, de un aposento á otro. Asi, tres cuartos de hora despues de haber partido de Lováina nos deteníamos en Malínas, ciudad célebre por su catedral, sus encajes y sus almuerzos de patas y orejas de cerdo, y no poco afamada entre los Belgas por la terquedad tradicional de sus consejeros municipales. Bajo el punto de vista económico y social tiene la particularidad Malínas de ser el centro de donde parten los ferrocarriles belgas pertenecientes al Estado, en cuatro direcciones distintas, á saber: hácia Holanda, por via de Ambéres; hácia Alemania, por Lováina y Lieja; hácia la costa marítima (Ostende) y la frontera francesa de Lila, por Gante, y hácia Mons, Charleroi y Namur (frontera francesa) por la via de Brusélas.

No he conocido jamas ciudad tan triste y solitaria como Malínas, circunstancias tanto mas extrañas cuanto que á dos pasos de la antigua ciudad reina en la estacion del ferrocarril un movimiento prodigioso de viajeros y mercancías de todos los puntos de Bélgica y del exterior, que afluyen al punto céntrico donde se enlazan todas las vias férreas para distribuirse en muchas direcciones. Al dejar la estacion y penetrar en la ciudad podría uno creer que ha salido momentáneamente de Bélgica y se halla en una ciudad española, triste, abandonada, estacionaria, petrificada por las tradiciones de peor carácter. Allí os afligen las plegarias de los mendigos; abundan las iglesias y los canónigos; faltan las fábricas y los institutos que atestiguan actividad y progreso, y todo tiene un aspecto de vetustez que sorprende en medio de aquel país. En todos mis viajes he podido observar que el progreso de las ciudades está en razón inversa del número de sus canónigos, frailes y demas séres inútiles, que duermen, cantan y consumen. Malínas es á Bélgica lo que Toledo á España y Friburgo á Suiza.