Malínas, atravesada por el riachuelo Dyle (que cerca de allí se reune con el Nethe para formar el rio Rúpel), es sinembargo una ciudad bien construida, que posee calles anchas y hermosas, edificios de buena planta y plazas espaciosas; pero sus 31,400 habitantes deben de vivir acongojados por el tedio y morir de hipocondría.

La catedral de Saint-Rombaut es la joya de Malínas, si bien sus formas exteriores no tienen gran valor. Lo que en ese monumento llama la atencion es: la enormidad de su torre única, que mide casi 100 metros de altura; la grandiosidad de su inmensa nave, cuyo interior impresiona fuertemente, y algunos cuadros de pintura considerables, entre los cuales se distingue un interesante Cristo de Van-Dyck. Otra iglesia de Malínas, la de Nuestra-Señora, posee tambien algunas buenas obras de arte, siendo la mas sobresaliente la admirable Pesca milagrosa trabajada por Rubens en 1618. Despues de esto Malínas no tiene otra cosa que merezca atencion ni curiosidad, por lo cual el viajero se da priesa de ir á observar en Brusélas el movimiento político y las pruebas del gran progreso intelectual y social de los Belgas, ó bien á admirar en Ambéres los esfuerzos del comercio nacional y los monumentos y museos que atestiguan la gloria de esa ciudad que fué la cuna de la escuela brabantina.

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CAPITULO III.

AMBÉRES.

Aspecto general de la ciudad.—Comercio y bellas artes.—Carácter múltiple de Ambéres.—Sus calles, monumentos, museos y curiosidades. —Jardines y paseos.

Aunque en Bélgica se encuentran reunidas y armonizan todas las manifestaciones del progreso, sinembargo, cada comarca y cada ciudad tiene ciertos rasgos que le son característicos. Asi, por ejemplo, es en Ambéres, en Ostende, y en las ciudades vecinas á las fronteras de Francia que se hallan las mas notables construcciones militares, símbolo de las luchas provocadas por la ambicion ó el egoismo de los gobiernos. En Lováina, Lieja, Gante y Brusélas está concentrado el movimiento universitario. La minería tiene su terreno inagotable en el sur y el sud-oeste, como la agricultura mas esmerada y valiosa se ostenta en las llanuras flamencas. La fabricacion tiene sus principales centros en Gante, Lieja y Verviers, así como la pesca marítima se radica en Ostende. Por último, es en Ambéres donde, por una singularidad curiosa, se manifiestan con mas energía las fuerzas comerciales y artísticas del pueblo belga.

Ambéres, en efecto, es una vasta ciudad, curiosa bajo todos aspectos, donde todo interesa y llama la atencion: la estructura de los edificios y las calles, como el tipo, la lengua y las costumbres de los habitantes; el movimiento activo del comercio y de la navegacion del Escalda, como el mérito de admirables obras maestras, monumentos y museos; el aspecto de las formidables fortificaciones de la ciudad, como el de sus vastos diques de un lado, y del otro sus alegres campiñas, que hacen contrastar los símbolos de la guerra con los de la paz y la fecundidad.

El aspecto general de Ambéres—ciudad tan célebre por su historia comercial y militar, artística y civil—es interesante y notablemente curioso. La masa de construcciones interiores está comprendida entre la ribera derecha del Escalda y un inmenso arco irregular formado por la línea formidable de las murallas y fortificaciones, defendidas por vastos y profundos fosos. Al S.-O. ó la parte superior del rio, están la Esplanada de armas, la Ciudadela y el Arsenal militar, dominando el muelle. Al N-E. ó la parte inferior, se extienden los Diques «grande» y «pequeño», que abrigan un gran número de buques mercantes de vapor y de guerra y están rodeados por vastos almacenes de depósito. Allí se ve una red complicada de carriles de hierro, por los cuales giran los carros que sirven para el embarque y desembarque de las mercancías, entre los diques y la estacion del ferrocarril que comunica á Ambéres con Malínas. Al poniente de la ciudad, cerca de las fortificaciones y fuera de su angulosa línea, se hallan, al lado de un pequeño arrabal, la estacion del ferrocarril y el primoroso Jardin Zoológico, perla y orgullo de Ambéres.

Al subir sobre alguna de las torres de las numerosas iglesias de la metrópoli brabantina, se contempla en su conjunto un magnífico panorama que interesa mucho cuando sus pormenores son observados con atencion. Si se tiende la mirada del lado del Escalda, se ve en primer término la línea inmensa de los muelles de la márgen derecha, donde reina un gran movimiento de marineros, carreteros, comisionistas, corredores, etc., ocupados en la carga y descarga de centenares de vapores y buques de vela atracados á los muelles, y en las diversas operaciones propias del comercio y la navegacion. El Escalda, corriendo por un lecho arenoso y fangoso, de bajas orillas cubiertas de juncos y otras gramíneas, experimenta la accion poderosa de las mareas, que lo hacen subir y bajar de nivel muy notablemente. Si el rio es majestuoso por su caudal, su anchura y sus ondulaciones, é interesante por el gran número de buques que lo surcan, alimentando la masa principal del comercio marítimo de Bélgica, la comarca que se desarrolla del lado de la márgen izquierda tiene un aspecto melancólico que impresiona mucho. Allí se extiende una inmensa llanura, triste y uniforme, pero admirablemente cultivada y salpicada por algunas poblaciones, que tiene su límite en el bajo Escalda, del lado de la Zelanda. Tornando la vista hácia el interior de Bélgica se contemplan las llanuras del Brabante y Limburgo, donde la agricultura, la ganadería y la horticultura reinan sin competencia; siendo notable el gracioso conjunto de casas campestres, quintas, huertos, jardines y magníficas alamedas que rodean á Ambéres, formándole como un arco de verdura. Allí todo indica gusto y esmero en el cultivo, adelanto y perfeccion en los métodos de labor, y bienestar en la clase média que posee quintas ó casas campestres, y entre los agricultores.