Al observar el interior de la ciudad todas las construcciones presentan un aspecto que contrasta mucho con la frescura y lozanía de las campiñas circunvecinas: Ambéres, cuya poblacion no baja de 109,000 habitantes, y que en el siglo XVI llegó á contar hasta 200,000, es un vasto enjambre de cuadras enteramente desiguales é irregulares, calle y callejuelas tortuosas, estrechas, dislocadas en laberintos extravagantes, casi todas húmedas y sucias, muy mal empedradas y de aspecto por lo comun triste y vetusto. Donde quiera plazas irregulares, orilladas por magníficos monumentos, y casas de antiquísima planta, muy curiosas por su estructura, aunque carecen de la grada original y pintoresca de las construcciones holandesas, ó del sombrío romanticismo de las antiguas casas alemanas. Por todas partes se alzan torres de diversas formas, principalmente góticas, sobre iglesias que merecen casi todas el nombre de museos religiosos. Por todas partes hormiguea una poblacion inquieta, laboriosa y honrada, que llama mucho la atencion por la energía de su lenguaje, áspero y expresivo, la singularidad de su tipo de raza, el liberalismo de sus ideas, el sentimiento de orgullo con que mantiene su patriotismo y sus tradiciones, y la elasticidad particular con que se presta á las mas variadas manifestaciones de la civilizacion.
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El comercio y las bellas artes, como he dicho, son las principales demostraciones de la historia y de la actividad actual de Ambéres. En otro tiempo, bajo el reinado de Cárlos V, esa ciudad fué el emporio del comercio en el norte de Europa, gracias á su magnífico rio, visitado entónces todos los dias por inmensas flotas mercantes, y á causas políticas y económicas que luego han desaparecido ó han modificado profundamente su accion. Pero la dominacion de los Españoles, que ha sido funesta en todas partes, arruinó la prosperidad de Ambéres y el Brabante, como del país flamenco. Las proscripciones perpetradas por el fanatismo religioso, la opresion política y civil, las absurdas leyes fiscales y económicas y los actos de pillaje ejecutados en los tiempos de guerra—política sombría que personificó tan terriblemente en los Países-Bajos el odioso duque de Alba,—diezmaron la poblacion de Ambéres, estancaron la industria y el comercio é hicieron de esa opulenta ciudad casi una ruina. Mas tarde, la pérdida de la libre navegacion del Escalda (consecuencia del tratado de Munster, de 1648) completó la decadencia de Ambéres. Hoy, aunque embarazada la navegacion por los peajes que cobra el gobierno holandes en el bajo Escalda, Ambéres ha recobrado gran parte de su antigua opulencia, gracias á la concentracion que allí se verifica respecto de casi todo el comercio marítimo de Bélgica.
Y á la verdad, la prosperidad comercial de Ambéres en la actualidad, es mas sólida y vale mas que la que alcanzó en el siglo XVI, puesto que esta se basaba en el monopolio y las mas viciosas instituciones, miéntras que la que hoy se palpa se funda en la libertad y la actividad espontánea de los pueblos. A este propósito haré una observacion que me parece pertinente. Los filósofos están divididos en el mundo en dos categorías: unos que, tomando la historia por punto de partida, pero la historia viciosamente comprendida, creen que el progreso tiene límites, que la civilizacion es una serie de evoluciones que se repiten en su espíritu esencial, aunque varían en sus formas,—lo que en definitiva no es mas que la teoría Vico. Según esos filósofos, las sociedades actuales que han llegado á un gran refinamiento de civilizacion, están destinadas á comenzar en breve su período de decadencia, á arruinarse y perecer tan luego como completen su evolucion limitada de progreso.
La segunda escuela filosófica, la escuela jóven, que tiene fé en la perfectibilidad humana y la perpetuidad del bien, y que toma por punto de partida la naturaleza del hombre mismo y de la Creacion entera, en lugar de los sofismas de la historia,—esa escuela, digo, cree que las sociedades no decaen ni perecen por virtud de una ley ciega y fatal, sino por causas lógicas cuya influencia puede conjurar la voluntad humana. Y cree, tambien que, cuando esa decadencia y esa ruina aparecen, no son en realidad sino fenómenos del progreso humano, en virtud de los cuales los pueblos que abrigan en su constitucion un principio falso y nocivo, que son incapaces de producir la fórmula de la justicia y la verdad, son arrastrados por la ola irresistible del tiempo para dar lugar siempre á una sociedad mas sana y justa, á una civilizacion que se acerque mas al ideal de la humanidad.
Así, puede decirse que ningún pueblo está destinado de un modo absoluto á una alta civilizacion ni á la decadencia, la ruina y la trasformacion completa. El que tome la via de la libertad y la justicia, y tenga siempre valor para solicitar el grande ideal, vivirá progresando y modificándose sin violencia, hasta la consumacion de los siglos. El que no sepa comprender, solicitar ni realizar ese ideal, perecerá en el comun naufragio de la historia de los incapaces, á reserva de reaparecer transfigurado y rejuvenecido bajo las nuevas formas que la civilizacion irá creando…. Ambéres me pareció la confirmacion patente de esta filosofía del progreso con que se ha fortificado mi espíritu.
La civilizacion, que por lo comun se manifiesta en un sistema de compensaciones, ha debido muy nobles triunfos al genio de los ambaréses, en el ameno campo de la mas sublime de las bellas artes. Cuando Ambéres, por la decadencia de su antiguo comercio, parecia condenada á la oscuridad, surgió casi de repente en su seno una falange de hombres inspirados que, fundando la escuela brabantina en la pintura (llamada impropiamente escuela flamenca, por ampliacion) debia inmortalizar á los hijos de la antigua metrópoli comercial, prestando servicios eminentes al arte de Rafael. Las provincias de Flándes y Brabante habian sobresalido en ciertas industrias estrechamente ligadas con las artes del dibujo, tales como el bordado, la platería y joyería y la fabricacion de encajes y tapices. De ahí el hecho natural de que el dibujo, y con él la pintura, tomasen en aquellas provincias un vuelo muy notable desde la edad média.
Ya desde principios del siglo XV los célebres hermanos Huberto y Juan Van-Eyck habian creado en Gante y Brujas la escuela flamenca, feliz iniciadora de la independencia, la originalidad y el espiritualismo científico del arte; y Hemling y otros cuantos habian seguido mas ó ménos fielmente las huellas de los maestros. A su turno el Brabante habia entrado en el movimiento artístico, pero sin dar á sus producciones un carácter particular y bien determinado. El arte se resentia mucho de la imitacion italiana ó del giro que le habian dado las escuelas flamencas y holandesas. Fué del fin del siglo XVI al principio del XVII que Ambéres sintió surgir de su seno la pléyade inspirada que debia procurarle tanta gloria. Entónces aparecieron sucesivamente los grandes maestros cuyas obras embellecen los preciosos museos de Europa. De los obradores de Pedro Breughel, Van-Veen, etc., salieron casi en la misma época: Pedro Pablo Rubens, el maestro soberano (de 1577 á 1640); David Teniers (de 1582 á 1647); su hijo del mismo nombre, que le superó con mucho, sobre todo en la pintura de género ó de interior (de 1610 á 1694); Van-Dyck, el admirable discípulo de Rubens (de 1599 á 1641); Jordaens, que tanto se esforzó por imitar las mas voluptuosas creaciones del mismo maestro (de 1594 á 1678); en fin, los dos Seghers ó Zegers, Gaspar de Craeyer, Roose, Neefs, Snyders, Brill y otros notables, hasta Juan Erasmo Quellyn, que falleció en 1715, época en que el noble arte brabantino hubo de correr la misma suerte que el de casi todas las escuelas, decayendo bajo la presion que ejercieron sucesivamente las costumbres cortesanas de los tiempos de Luis XIV, la Regencia y Luis XV.
Es visitando el interesante museo de Ambéres, y sobre todo la catedral y las principales iglesias, que se puede admirar el alto grado de atrevimiento, originalidad, energía de expresion, riqueza de colorido y verdad imitativa a que llegaron los tres grandes maestros: Rubens en la pintura histórica, religiosa y de fantasía; Van-Dyck, en el retrato y la composicion religiosa; Teniers el jóven, en la pintura de cuadros domésticos maravillosos, llamada de género. Verdad es que las mas numerosas y mejores obras de Van-Dyck, en cuanto a retratos, se encuentran en Inglaterra, en el Castillo de Windsor: pero hay bastantes en Bélgica, y sobre todo en Ambéres, para dar idea del mérito de ese artista eminente. En cuanto á Rubens, cuya fecundidad y laboriosidad fueron prodigiosas, aunque su genio y su pincel están muy bien representados en todos los museos de Europa, Bélgica conserva los mejores, particularmente en el género religioso, del cual ofrece pruebas admirables la catedral de Ambéres.
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