No pretendo fatigar al lector con apreciaciones especiales respecto de las obras artísticas de Ambéres,—apreciaciones que parecerían pedantescas de mi parte. Así, me limitaré á hacer una rápida mencion de los monumentos y objetos que mas llaman la atencion.

Entre la Plaza-Verde, donde se alza en medio de arboledas la hermosa estatua del admirable Rubens (quien, como se sabe, fué tan hábil artista como magistrado y diplomático) y la Gran-Plaza, donde se halla el Palacio de la ciudad (edificio notable, aunque bien inferior á otros de su clase en Bélgica); entre esas dos plazas, digo, se levanta con majestad la mole sombría de la catedral, monumento magnífico, sin rival, por su tamaño y su hermosura, en toda la region de los Países-Bajos. Mide 117 metros de longitud por 65 de anchura, data en su principio de 1352, y su arquitectura, que es de estilo gótico sencillo, imponente y grandioso, no encanta ménos en su recinto que en su admirable torre principal, la cual, sobre tener la enorme altura de 123 metros, embelesa al que la contempla, por la extraordinaria ligereza de sus formas y el atrevimiento y la perfeccion de sus primorosos calados, con justicia comparados á encajes.

En el interior, el golpe de vista es soberbio, al situarse uno en frente al coro. Dividida la catedral en siete naves sostenidas por seis órdenes de columnas (estructura única entre todas las catedrales) parece una selva de mástiles de piedras trepando hácia el cielo con la ligereza de cien enormes lianas. De resto, el interes del visitante se concentra en los colosales cuadros de Rubens, suspendidos á los dos lados del coro, que representan la Ereccion de la Cruz y el Descendimiento, y otro del mismo artista dominando el altar mayor, que manifiesta la Asuncion de la Vírgen. Si en lo relativo á vírgenes no he hallado nunca nada que me parezca superar las creaciones divinas de Rafael, Corregio y Murillo, en lo que toca á la representacion de Cristo parece imposible producir obras mas grandiosas y mas llenas de religion, ciencia y soberana poesía que las dos mencionadas de Rubens.

Despues de la catedral son muy interesantes, entre los monumentos religiosos: la iglesia de San-Jacoto, que mide cerca de 100 metros de longitud y la mitad de anchura, notable por su abundancia de cuadros de pintura y monumentos sepulcrales magníficos, y su gran riqueza de mármoles y ornamentacion; la iglesia de San-Cárlos, construida por los Jesuitas á principios del siglo XVII, enteramente análoga á las del mismo orígen en otros países, notable por su magnífica torre y su excesivo lujo de ornamentacion ó aparato; la iglesia de San-Pablo, rica tambien por sus adornos y cuadros interiores, y curiosa por un patio que tiene al lado de su entrada lateral, donde está representado el Calvario por estatuas de piedra distribuidas en medio de rocas y escombros artificiales; en fin, la iglesia de San-Andres, notable solamente por su magnífico púlpito de madera esculpida, objeto en que sobresalen sin rival muchas de las iglesias de Bélgica.

Aparte de muchos otros monumentos secundarios, pero todos históricos, que llaman la atencion en Ambéres, lo mas importante, despues de lo que llevo mencionado, es el Museo de pinturas. Su gran valor consiste en su especialidad, pues aunque contiene algunos cuadros de las escuelas extranjeras, se compone principalmente de obras nacionales y holandesas. Son muy numerosas las obras maestras reunidas allí, debidas al poderoso genio de Rubens, al sombrío pincel de Rembrandt, al fielmente imitativo de Van-Dyck, al admirablemente gráfico y chistoso de David Teniers (jóven), y al delicadísimo de algunos pintores en miniatura al óleo, en que abundan los museos flamencos, holandeces y brabantinos.

Si en su recinto es interesante Ambéres, fuera de sus fortificaciones ofrece á la vista del viajero objetos importantes. En su primoroso Jardin Zoológico, uno de los mas bellos y mejor surtidos y mantenidos en Europa, los Amberéses han probado su particular aptitud para esa clase de establecimientos. Si exceptuamos los jardines de ese género que hay en Paris y Lóndres, se puede asegurar que ninguno otro de Europa es comparable á los que en Bélgica y Holanda están consagrados á la botánica y la zoología. Y todavía, bajo el punto de vista de lo pintoresco y agradable, los de estos dos países son superiores á todos los demas.—Los Belgas y los Holandeses tienen el buen gusto de combinar la música y los goces sociales con el interes de la ciencia, lo que hace que, como mas adelante manifestaré, aquellos jardines sean en Ambéres, Brusélas, Amsterdam, Rotterdam, etc., escenarios interesantes y agradables bajo todos aspectos.

Adelante del Jardin zoológico de Ambéres se extienden campiñas muy bien cultivadas, y se prolongan magníficas alamedas, orilladas por casas campestres, jardines, huertos y pequeños parques pertenecientes á los ricos negociantes de la ciudad. El vasto y pintoresco arrabal que existe allí está destinado á hacer parte de la ciudad, tan luego como estén demolidas las actuales fortificaciones.—Cuando visitamos á Ambéres (no en 1859 sino en 1860, despues de recorrer la Holanda) habian comenzado los inmensos trabajos de las nuevas fortificaciones, cuya línea semicircular, alejándose bastante de la ciudad, le dejará desahogo y facilidad para ensancharse. La cuestion de esas fortificaciones agitaba mucho á la opinion belga en 1859, y la prensa, el Parlamento, el Gobierno y los hombres del arte se preocupaban muy seriamente con su solucion. Ambéres se sentia como estrangulada por sus murallas y fortificaciones, sin poder salir de su viejo carapacho de guerra, porque las necesidades sofísticas de la política exigian la subsistencia de ese elemento de defensa nacional.

El patriotismo se mostraba alarmado por los temores, fundados ó infundados, de nuevas conquistas de parte de Francia, temores que acababa de despertar la guerra de Italia. Se queria que en caso de invasion el gobierno belga contase con un refugio seguro en Ambéres, y para eso se creia indispensable mantener las antiguas fortificaciones, ó en caso de demolerlas construir otras nuevas y mas formidables. La segunda opinion triunfó, y el pueblo belga se impuso un sacrificio de cerca de 50 millones de francos, imputables al capítulo miedo y desconfianza, que hace tan gran papel en los presupuestos europeos. Es curioso notar cómo la amenaza y el miedo se ligan en Europa para mantener esta deplorable guerra de presupuestos y tarifas que se hacen con encarnizamiento los gobiernos! Todo se encadena de manera que los gestos y aun la reserva calculada de cada soberano producen su contragolpe en los demas Estados.

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CAPITULO IV.