BRUSELAS.

La sociedad belga bajo el punto de vista político.—Estructura general de Brusélas.—El periodismo y la librería.—Fisonomía moral de Brusélas;—su poblacion.—Monumentos civiles;—la casa municipal,—varios palacios.—Monumentos religiosos.—Museos, bibliotecas y estatuas públicas.—Jardines científicos.

Talvez no hay en el mundo pueblo ninguno que haya ofrecido en tan poco tiempo, como el belga, pruebas tan perentorias de la eficacia de la libertad ó del régimen que funda la prosperidad social en el imperio de la paz y de la opinion libre. Los extraordinarios progresos que ha hecho en medio siglo la América republicana se deben no solo á las instituciones, sino tambien á las inmigraciones, las ventajas del suelo, la novedad del país y el concurso que la Europa proletaria y oprimida le ofrecia, solicitando con avidez el Nuevo-Mundo.

En Bélgica los elementos han sido muy distintos: ese libre, honrado, sensato y laborioso pueblo no cuenta mas que treinta años de vida independiente y gobierno constitucional, y en tan corto tiempo ha hecho prodigios. Y sinembargo, tenia contra sí, en el interior, la division de su poblacion en dos ó tres razas, y la tradicion de muchas dominaciones extranjeras, que podian haber debilitado en el trascurso de tantos siglos el sentimiento nacional ó de independencia y libertad; y en lo exterior, el resentimiento de la Holanda, las pretensiones de la corte romana, y las contrarias influencias de Francia y Austria.

Pero el pueblo belga nutria un profundo espíritu de libertad y un alto sentimiento de dignidad que le hicieron comprender desde el primer dia sus verdaderos intereses. Por eso no solo ha resistido á seducciones deslumbradoreas por un lado, y por otro á todo consejo reaccionario, sino que, mostrándose prudente y animado de una voluntad firme, ha sobrepujado á todos los Estados del continente en la práctica fiel de las instituciones liberales y parlamentarias. Ello es que la Bélgica es un modelo en casi todas las manifestaciones actuales del progreso. Ella ha sabido aprovechar su feliz neutralidad, consagrándose á perfeccionar sus instituciones, en tanto que las demas naciones parecian preocuparse casi únicamente con las intrigas y el antagonismo de la ambicion política.

En Bélgica han encontrado asilo todas las ideas perseguidas ó sujetas á discusion; se ha mantenido la mas saludable actividad en la vida política,—sea en el parlamento y las corporaciones provinciales y municipales, sea en la prensa y las asociaciones privadas, sea en las elecciones y peticiones y en las grandes fiestas nacionales;—y el resultado de esa actividad política se manifiesta en la actitud de los partidos, en la importancia de sus debates ó luchas pacíficas, y en la estabilidad que ha adquirido la constitucion nacional, fundada en la libre manifestacion de todas las opiniones, en el respeto por todos los derechos, en la energía de las costumbres políticas y civiles. El pueblo belga está ya bien educado en la vida progresista, y su educacion, fruto de la práctica de la libertad, es la mas sólida y gloriosa, puesto que se la debe á sí mismo. Allí el rey no es mas que el símbolo popular de la permanencia del gobierno; Leopoldo y sus hijos son verdaderos ciudadanos; la fuerza de la autoridad reposa toda en la ley y la opinion; el país tiene confianza en sus mandatarios y representantes porque la tiene en sí mismo; las razas se han confundido en el amor comun á la independencia y la gloria nacional; la alianza entre el pueblo y la dinastía tiene su garantía en la libertad, y la nacion ha logrado poner en armonía dos elementos que siempre han sido inconciliables en Europa: la democracia y la monarquía hereditaria.

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Ninguna ciudad revela mejor en Bélgica esa alianza de lo pasado con el progreso moderno, que la bella, elegante y animada Brusélas, donde todo hace ver simultáneamente las viejas tradiciones y las esperanzas y reformas del tiempo presente, la justaposicion de dos razas y dos civilizaciones distintas. Brusélas, capital al mismo tiempo de la provincia de Brabante, ocupa una posicion pintoresca, demorando á orillas de un riachuelo, sobre el ancho lomo, las faldas y el pié de una colina notablemente elevada, en el centro de una llanura. Algunas colinas cierran el horizonte por un lado, y el vasto panorama que rodea la ciudad no carece de interes y hermosura. El orígen de Brusélas data del fin del siglo VI, muy humilde por cierto, pero su verdadera importancia no comenzó sino en el XII. Rodeada en otro tiempo par murallas y fortificaciones, el espíritu moderno las ha demolido para reemplazarlas con una cintura de boulevards ó magníficas calles de alamedas, estaciones de ferrocarriles, jardines públicos y privados, elegantes casas de campo, fábricas y arrabales considerables.

La ciudad está naturalmente dividida en dos partes por la configuracion del suelo en que demora: la parte baja y antigua, que tiene su centro en la Gran-Plaza y su admirable Hôtel de Ville ó Palacio municipal; y la parte alta y nueva, que se extiende sobre la planicie de la colina, y tiene su magnífico centro aristocrático y monumental en el Parque, que es el «jardin de las Tullerías» de Brusélas. Abajo vereis, si contemplais, la ciudad desde la Plaza del Congreso, un enjambre de calles y callejuelas formando laberintos, y monumentos y edificios de las mas diversas formas, que resumen por decirlo asíla historia de Brusélas hasta principios del presente siglo. Allí se alzan en confusion, sobre los techos de las viejas casas, las torres góticas de interesantes iglesias, la masa imponente del precioso Palacio municipal, las fachadas de grandes casas de estilo moderno y los techos de cristal de algunos edificios públicos. Allí circulan sin cesar los ómnibus y coches de alquiler, los carros llenos de mercancías, y hormiguea una poblacion activa y de buen carácter (sin contar la gran masa flotante de extranjeros ó transeuntes). Allí se encuentran casi todos los hoteles, las librerías, las imprentas, las fábricas y el gran movimiento del comercio y de los negocios de todo género.

Arriba no hallareis en la ciudad, cotada por los boulevards de Waterloo, del Regente, del Observatorio y del Jardin Botánico, sino palacios y edificios magníficos, sea al derredor del Parque, sea orillando la hermosísima Calle Real, sea recorriendo el espléndido barrio de Leopoldo, enteramente nuevo y aristocrático, llamado el West-End de Brusélas por comparacion al de Lóndres. Esa parte privilegiada de rusélas parece reservada á las clases altas, la ciencia y las bellas artes, á los hoteles donde se alojan los más ricos viajeros, y á los palacios donde residen los miembros de la familia real, los ministerios y los ministros extranjeros y donde tienen sus sesiones las cámaras legislativas. Allí, las calles tiradas á cordel y cortadas en ángulos rectos, las estatuas monumentales, los edificios de hermosas fachadas, los museos de todo género, las bibliotecas, el Observatorio astronómico, los preciosos jardines Botánico y Zoológico, en fin, cuanto manifiesta los progresos recientes, la vida política, intelectual y artística, la elegancia y el comfort, sin perjuicio de la sencillez.