Si del aspecto físico de Brusélas pasamos á observar la fisonomía moral de su poblacion (como he tenido ocasion de observarlo en dos años distintos), encontraremos tambien el contraste de dos tipos muy diferentes que coinciden con las dos grandes formas de la ciudad. En efecto, abajo está la poblacion brabantino-flamenca, y no se oye entre la muchedumbre y aún la clase média sino el acento áspero del flamenco modificado, que llaman el dialecto de Brusélas, ó se habla muy poco frances relativamente. Allí las costumbres conservan en todo los rasgos mas notables de la vieja sociedad semi-holandesa, y el tipo de las gentes tiene esa redondez de formas, esa frescura y robustez y esa sencillez mesurada que distinguen al holandes, aunque bastante modificadas.

En la parte superior de la ciudad, al contrario, nada hace recordar las tradiciones flamencas: allí todo es frances, todo hace recordar á Paris, todo tiene un aire singular de elegancia y buen gusto, de cultura y refinamiento en la vida social. En los conciertos del Parque, en los grupos que vagan por las anchas y sombrías alamedas, en los hoteles y cafés, en los jardines científicos, en los museos y bibliotecas y en todos los lugares de reunion, no se habla mas que frances, no se ven sino manifestaciones de las costumbres francesas ó extranjeras. Ese contraste de situacion ó de fisonomía social le da mucho interes á Brusélas, sea bajo del punto de vista de lo curioso y pintoresco, sea bajo el del fenómeno de la armonía que producen las buenas instituciones entre razas y civilizaciones distintas.

Brusélas, ciudad muy visitada por extranjeros, particularmente alemanes, ingleses y franceses, tiene una poblacion considerable relativamente a la de todo el país. La de la ciudad propiamente dicha no baja de 174.000 habitantes, que se eleva á mas de 284,000 computando la de los suburbios ó arrabales que casi se confunden con Brusélas. Esta capital es el gran centro del liberalismo belga, y no hay esfuerzo necesario en servicio del progreso que no se haga allí, espontáneamente y por la simple iniciativa individual. A esta se debe entre otras cosas la excelente «Universidad libre,» fundada allí en 1884 por los jefes del partido liberal, con el fin de hacer saludable competencia á la Universidad jesuítica de Malínas trasladada á Lováina.

Uno de los objetos que mas llaman la atencion en Brusélas es el vasto y fecundo movimiento de su prensa libre. Es increíble el número de imprentas y librerías que hay en esa ciudad, al servicio de todas las lenguas, de todos los espíritus, de todas las formas literarias, de todos los partidos, de todas las manifestaciones de la vida intelectual de Europa. En Brusélas no solo se publican muchos periódicos diarios, revistas, libros y folletos nacionales, sino que buscan seguro asilo innumerables escritores que carecen de libre publicidad en su patria. Los partidos franceses, italianos, rusos, alemanes y austríacos tienen allí, con mas ó ménos persistencia, órganos de libre accion moral; lo que hace que el periodismo belga tenga en Europa una importancia muy considerable. El libro ó folleto que no tiene cabida en las prensas de Paris, San-Petersburgo, Viena ó Madrid, encuentra segura proteccion en Brusélas para salir á luz y penetrar en todas partes. El jesuita y el republicano encuentran allí la misma hospitalidad para sostener su respectiva causa; y por mas que algunos reaccionarios empedernidos, ó algunos graves meticulosos, pretendan limitar ó perturbar la libertad de la prensa, la nacion siente que esta preciosa garantía hace parte integrante de su existencia. No hay obra interesante que se publique en Europa, en cualquiera de los mas notables idiomas, que no sea traducida ó reproducida en Brusélas á muy bajo precio. Por eso el número de libros que salen anualmente de las prensas de Brusélas es inmenso.

¿No es muy interesante el espectáculo de un pequeño pueblo que, favorecido por su libertad, se ha hecho el órgano comun de publicidad de todos los pueblos europeos? Por desgracia este saludable ejemplo es muy poco imitado por naciones que se jactan de ser superiores á Bélgica. Sinembargo, creo que el papel que ha desempeñado Brusélas en el movimiento tipográfico de Europa tiene sus inconvenientes para el pueblo belga, bajo el punto de vista literario. El hábito de producir ó reproducir las ideas de todos los demas pueblos, ha creado cierto cosmopolitismo de estilo y tendencias que no puede ménos que impedir la formacion de una literatura verdaderamente nacional. Ello es que en Bélgica, si se exceptúan las producciones de muy raros pensadores, y las que tienden á reconstituir una especie de nacionalidad flamenca literaria (de que luego trataré), no hay mas literatura que la francesa, como no hay mas teatro que el frances. Si en la política, en las bellas artes y en los intereses económicos Brusélas tiene vida propia y muy notable, en literatura no es, en rigor, sino un apéndice de Paris.

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No quiero fastidiar al lector con minuciosas descripciones de monumentos, museos y otros objetos análogos, respecto de Brusélas, despues de lo que llevo dicho acerca de Ambéres. Me limitaré á mencionar los objetos mas notables que hacen honor en la capital belga al arte y á la ciencia.

En clase de monumentos civiles Brusélas contiene algunos que no carecen de mérito, entre los cuales son notables: el Palacio de la nacion, donde se reune el Parlamento, agradable por su singular sencillez y excelente distribucion para su objeto; y el del Príncipe de Orange, donde tienen lugar las exhibiciones de pinturas y esculturas. Pero el tesoro de Brusélas es su admirable Palacio Municipal, obra soberana en su género. Es un trapecio de 80 metros de longitud y 16 de anchura, aislado sobre la Gran-Plaza, cuyas mejores obras, las de estilo gótico, datan del siglo XV. Su fachada de esa época es de gran mérito, pero la verdadera maravilla es la torre, que mide cerca de 114 metros de altura y embelesa por su prodigioso atrevimiento, la singular ligereza de sus formas y calados y la armonía elegante que reina en todos sus adornos y su construccion.

Entre los monumentos religiosos no citaré sino la bella iglesia ó catedral de Santa-Gudula y San-Miguel, que es uno de los mas bellos edificios religiosos de Bélgica, sencillo, pero sin la grandiosidad de otros análogos. Fué construido del siglo XIII al XVI, por lo cual sus diversas partes corresponden á estilos diferentes, aunque sin carecer de cierta armonía.

Brusélas es rica por sus museos de varias clases y sus bibliotecas, como es una de las primeras ciudades europeas por sus jardines botánico y zoológico. Aparte de la multitud de cuadros y objetos de arte interesantes que se encuentran en las iglesias, en los palacios y en otros edificios públicos, concentran la atencion del viajero el Palacio de la industria y el Museo nacional. El primero de estos edificios, bonito monumento construido en 1829 á expensas de la ciudad, es el equivalente del «Conservatorio de artes y oficios» de Paris. Allí están reunidos en vastos salones de varios pisos todos los objetos que manifiestan el progreso de la industria nacional, particularmente notable en la metalurgia y los tejidos. En el piso bajo del palacio se halla la Biblioteca real, rica y muy apreciable por su rara abundancia de manuscritos, preciosos en gran parte. No baja su número de 19,000, el de los libros impresos excede de 200,000, y el establecimiento se enriquece sin cesar, gracias á la liberal proteccion del Gobierno.