En el primer capítulo de esta parte de mi narracion he recordado al lector en breves palabras las diversas dominaciones á que estuvo sometido sucesivamente el país belga. Así, por lo que hace á Flándes en particular, solo añadiré que, habiendo formado en otro tiempo un solo cuerpo social y político, bajo el nombre de «condado de Flándes,» fué dividido á principios del último siglo en tres porciones: Flándes holandesa, que es actualmente la provincia llamada Flándes oriental; Flándes austríaca, ó sea la actual provincia occidental del mismo nombre; y Flándes francesa, que forma hoy el departamento del Norte en Francia.

Si geográfica é históricamente hablando el país flamenco de Bélgica se reduce á las dos provincias del Este y el Oeste, comprendidas entre la costa marítima, las fronteras francesa y holandesa y las provincias de Ambéres, el Brabante meridional y Hainau, en rigor la unidad etnológica es mas considerable, puesto que la raza flamenca no solo cuenta unos 790,000 individuos en la provincia oriental, 640,000 en la occidental y 440,000 en la de Ambéres, sino tambien un número respetable en el Brabante belga y otras provincias; alcanzando en su totalidad como 2,490,000 individuos que hablan la lengua y conservan las tradiciones de la nacionalidad flamenca.

Es evidente que de los dos grandes grupos que componen la nacion belga en lo principal (puesto que el grupo germánico es muy reducido relativamente), el flamenco es el que ha mostrado mas consistencia en su tipo moral, en la conservacion de sus costumbres y tradiciones, en la índole de sus instituciones municipales, y en su actividad industrial, agrícola y comercial. En el país flamenco todo tiene un sello característico, que se manifiesta igualmente en las fisonomías individuales, en la estructura de las ciudades y villas, en los monumentos é institutos religiosos, en la naturaleza de las industrias, en las bellas artes, en la lengua y en el sentimiento católico de la poblacion, generalmente adversa á las tendencias liberales que predominan en la poblacion francesa.

Gante, un tiempo capital del condado de Flándes, es el centro político y social de la provincia del Este, contando en su seno como 112,000 habitantes. La provincia, que es esencialmente agrícola y fabricante, posee algunos otros centros de poblaciones considerables, tales como San-Nicolas (con 22,000 hab.), Lokeren (con 17,200), Renaix (con 14,000) y Ecloo (con 9,500), localidades importantes por sus fábricas de tejidos de lino y otros objetos, ó por sus férias concurridas. En toda esa interesante provincia, como en la occidental, la agricultura ha alcanzado un alto grado de perfeccion, y sus productos son muy valiosos, particularmente en lino y cáñamo, destinados á la fabricacion, en remolachas, que alimentan á muchas fábricas de azúcar, granos oleaginosos, lúpulo, tabaco, cereales y papas.

Como toda la comarca es llana y carece de bosques generalmente, el país que se recorre yendo de Brusélas á Gante seria monótono y desapacible, si la agricultura no lo embelleciese con sus galas. No carecen de encanto esas llanuras casi enteramente niveladas, cubiertas de plantaciones de lino y trigos que ondean como lagos de verdura al soplo de las brisas, y salpicadas á trechos de grandes entables de remolachas ó papas, de pequeños tabacales, ó bien de grupos elegantes de plantas de lúpulo cuyos festones entrelazados y flotantes forman graciosos pabellones de un verde amarillento muy bonito. Ese conjunto de tintas variadísimas en la vegetacion, que hace contrastar el verde oscuro de los papales, el vivísimo de los tabacales y el pálido de las plantaciones de lúpulo y lino, con el matiz violeta de las remolachas y el algo confuso de las plantas oleaginosas; ese conjunto, digo, tiene su gracia particular, en el fondo del vasto horizonte donde se pierde la mirada al recorrer las provincias flamencas.

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He dicho al hablar de Brusélas que la literatura belga, en su parte francesa principalmente, se resiente, por su falta de carácter nacional, de la influencia que ejerce allí el cosmopolitismo de la prensa. En las provincias de poblacion flamenca sucede lo mismo, por causas diferentes, pero el fenómeno se manifiesta de otro modo. Allí se hacen los mayores esfuerzos por producir una especie de reaccion literaria ó de resurreccion de la lengua flamenca como instrumento literario, y hasta hora esos esfuerzos han sido de poca consecuencia. En Bélgica se halla el singular fenómeno del predominio oficial de una lengua, la francesa, que no es hablada sino por la minoría de los habitantes. En el norte y nor-oeste del país no se habla sino flamenco; en el este y sud-este se habla wallon, en el sur, frances; en otras provincias, el aleman algo corrompido. Pero aún reuniendo toda la poblacion no flamenca en un solo grupo, todavía es evidente su inferioridad numérica respecto de la que habla el idioma holandes. Y sinembargo, la lengua francesa le ha sido impuesta á todo el país como lengua oficial, obligatoria y exclusiva en los asuntos nacionales, y aun en muchos de carácter municipal.

Se comprende muy bien que esto haya contribuido mucho á enardecer la lucha de principios y tendencias que divide á los dos grandes partidos belgas. En efecto, el frances es allí la lengua de los liberales progresistas, como el flamenco es, en lo general, la lengua del partido conservador ó «católico»; y como algun idioma habia de prevalecer en el mundo oficial para evitar la anarquía, es natural que el partido dominante haya impuesto la suya, que es el órgano del liberalismo europeo derivado de la Reforma y la Revolucion francesa. Los Flamencos alegan contra ese predominio el ejemplo de Suiza, donde las tres lenguas principales coexisten bajo el pié de la igualdad perfecta, al ménos en el Parlamento. Pero los liberales replican que no siendo Bélgica una confederacion de Estados autónomos, no es aplicable aquel ejemplo.

Una circunstancia que contribuye mucho á apasionar la competencia de idiomas es el recuerdo de las dos últimas dominaciones extranjeras que pesaron sobre el país. Los liberales, por espíritu de independencia nacional, rechazan la lengua que les recuerda la dominacion holandesa de quince años; miéntras que los flamencos ó conservadores, animados del mismo espíritu, rechazan el idioma frances como el símbolo de la dominacion que Francia impuso al país desde fines del siglo pasado hasta 1814.

Ignoro si el idioma flamenco tiene sólidos elementos de vitalidad, y si él puede servir para reconstituir una literatura original y respetable en los tiempos actuales. Pero sí me parece evidente que la lengua francesa tiende á absorber todas las fuerzas intelectuales del pueblo belga, y gana terreno dia por dia; y creo tambien que los flamencos que han tenido la generosa aspiracion de reconstituir la literatura propia han tomado el peor camino posible, comprometiendo así el éxito de su empresa, á cuya cabeza se ha visto á escritores de talento tales como Enrique Conscience, Renier, Snieders, Dautzenberg, Van Duyse y otros que no carecen de valor. Esos escritores, en vez de servirse de su lengua para defender la libertad y el progreso, la han despopularizado, haciéndola servir de instrumento reaccionario, contra la corriente del siglo. De ese modo su labor era doble, pues debían resucitar al mismo tiempo el cadáver del derecho divino (ó del ultramontanismo) y el cuasi-cadáver de la muy modesta literatura flamenca. Es curioso notar que los periódicos y libros que se publican en lengua flamenca son, con rarísimas excepciones, retrógrados por sus tendencias. Una lengua que voluntariamente se pone al servicio de los muertos, de las causas perdidas, no puede ménos que sucumbir, como instrumento literario, corriendo la suerte del latin, porque toda lengua, siendo el instrumento de las ideas, no puede regenerarse si no representa tendencias é intereses de regeneracion.