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Contáronme en Brujas que allí, como en Gante, los maestros y compañeros que componen las tradicionales corporaciones de artes, industrias y oficios, conservan muy curiosas costumbres respecto del modo de iniciacion ó admision de un nuevo miembro. Así, por ejemplo, cuando álguien va á incorporarse en la comunidad de los aguadores, el neófito es conducido á una llanura en procesion y colocado sobre un tonel á guisa de tribuna; allí arenga y contrae sus empeños, y en seguida el jefe de la corporacion le vierte en la cabeza un cántaro de agua, aunque sea en el rigor del invierno. Al punto los compañeros de oficio echan mano á los barriles de agua que tienen listos en derredor, y cada cual lanza sobre el infeliz postulante un torrente que lo emparama y entumece. Cuando el pobre diablo no puede moverse y parece exánime, se le conduce en procesion á una taberna, donde el aguardiente, administrado por dentro en gran cantidad, neutraliza los efectos del baño y completa la fiesta de los aguadores. El método no deja de ser brutal, pero no carece de lógica, por via de experimentacion hidroterápica entre gentes que viven siempre en contacto con el agua.

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La transicion que se hace de Brujas á Ostende es tanto mas sensible cuanto que se verifica en poco mas de média hora. En vez de una ciudad antigua y solitaria en medio de su vasta llanura, es una ciudad moderna, graciosa, elegante, donde al estruendo magnífico del mar se junta el bullicio de una sociedad eminentemente promiscua, europea en toda la acepcion del término, ávida de placeres, curiosa de novedades y enteramente ocupada en pasar el tiempo alegremente.

El panorama de Ostende es uno de los mas bellos y curiosos que se pueden hallar en las costas europeas del Norte, no obstante la ausencia absoluta de una topografía pintoresca, tal como se encuentra en otros puntos. En Ostende la naturaleza no tiene mas encantos ni mas acentos que los del mar: todo lo demas es obra del hombre. Allí se encuentran frente á frente la sociedad humana, con todas sus pasiones, sus vanidades y caprichos, y la inmensidad del mar, con todo su misterio, su infinita majestad, su asombrosa elocuencia y sus tesoros inagotables de poesía…. Ningún intermediario, ningún testigo entre las dos potencias, si no son las formidables fortificaciones de la ciudad, símbolos de la guerra,—ese delirio de los pueblos que suele tener por cómplice á la onda colérica del mar!

Ostende es célebre en Europa por sus baños de mar, sus ostras y sus pesquerías de arenques y bacalao. Si en Ambéres se manifiesta la actividad comercial de los Belgas, en Ostende tiene su centro ó base principal la importante industria de la pesca, que produce anualmente valores bien considerables; sin perjuicio del comercio general que se hace por ese puerto, gracias á su canal y su ferrocarril. Es á Ostende que afluyen los vapores belgas ó ingleses que hacen el servicio permanente de las comunicaciones con los puertos de Lóndres y Dover, ademas de la línea entre Lóndres y Ambéres. Es de Ostende tambien que parten todos los años las numerosas flotas de barcas pescadoras, á buscar en el mar de Noruega y todo el mar del Norte su abundante provision de harenques y bacalao, que tienen tan extenso consumo en Europa, en competencia con el producto de la pesca holandesa. Bien sabido es tambien que Ostende especula con la cria permanente de sus renombradas ostras. Como las costas arenosas de Bélgica no pueden abrigar á esos moluscos, los pescadores belgas van á buscarlos á las costas de Inglaterra para aclimatarlos en ostreras artificiales de donde salen al consumo.

El tren del ferrocarril se detiene en un gracioso arrabal hácia al sud-oeste de la ciudad,—arrabal compuesto de hoteles, quintas y jardines laboriosamente conservados. Salís de la estacion, y os hallais de repente, como si os mostrasen una vista de cosmorama, cerca del vasto dique del Comercio, repleto de buques mercantes de todas las naciones, pero principalmente belgas, ingleses y holandeses, cuyas cien banderas hacen un gracioso juego con las chimeneas de los vapores, los mástiles de los buques veleros y el colorido pintoresco y la estructura elegante de los edificios de la ciudad. Atravesais el dique por uno de los dos puentes movibles, dejando el bullicio del comercio y la navegacion, y al seguir directamente la hermosa y larga calle de la Chapelle os hallais en el centro de la graciosa Ostende.

La ciudad, completamente circundada por un vasto foso y fortificaciones y diques que la defienden de las invasiones del mar, es muy pequeña y no tiene monumento ni edificio alguno particular. Pero qué gracia en el conjunto y el estilo sencillo de las construcciones! Todas las calles rectas, paralelas y cortadas con simetría; los techos rojos y los muros generalmente blancos; corrillos de gente, llenos de animacion, por todas partes; donde quiera tiendas y almacenes de modas, de objetos artísticos, conchas y curiosidades marítimas; un flujo y reflujo incesante en los numerosos hoteles, de viajeros que llegan ó se van; por todas partes algo destinado á la diversion, el entretenimiento ó el comfort de viajeros afluyendo de casi todas las comarcas de Europa.

Por último, salis de la ciudad, salvando el gran foso que la protege, y á un nivel muy superior os encontrais sobre los malecones de los diques, sorprendido por la grandiosidad del océano y la singularidad del cuadro social que teneis á la vista. Por todo el malecon del formidable dique de defensa, en una extension como de un kilómetro, hormiguea un enjambre de paseantes, de curiosos de todas las naciones, entretenidos con los encantos del espectáculo ó los goces de la conversacion. Dominando el mismo malecon, se alzan como elegantes templetes el Casino, el Faro y varios cafés y restauradores, que son los puntos de reunion de la sociedad elegante que va á tomar los baños de Ostende, ó solamente por curiosidad y placer. En cada uno de esos lugares reina la animacion de las familias y los grupos de millares de viajeros. Allí los caprichos de la moda, las confidencias entre amigos del momento, la maledicencia de unos, la chismografía política de otros, las intrigas galantes, los falsos complimientos, las protestas que jamas se cumplirán, los proyectos y dichos mas ó ménos pretensiosos, la emulacion implacable de las mujeres á la moda, las farsas de los caballeros de industria, la insolente coquetería de las cortesanas, las sérias conversaciones de los hombres de estado en vacaciones, y las truhanerías del estudiante en peregrinacion á la vapor.

Todos los tipos sociales se confunden allí en el culto comun del placer; todas las razas europeas, y aun á veces algunas del Nuevo Mundo, tienen sus representantes; todas las lenguas se hacen oir, ó si la francesa sirve de órgano al mayor número, se percibe el acento que distingue tan fuertemente unas de otras á las razas latinas, germánicas, eslavas y escandinavas.