Nada mas grato para el excursionista admirador al mismo tiempo de la naturaleza y de las obras humanas, y deseoso de adquirir alguna idea de las poblaciones rurales, que ese paseo en que las horas vuelan para el espíritu encantado, al traves de aquella sucesion de paisajes tan variados e-interesantes. Las excelentes carreteras que faldean las montañas, por en medio de tupidos bosques, algunas de las cuales son obras de arte dignas de atencion, hacen honor al pueblo y gobierno badenses, que muestran tan particular interes por las vias de comunicacion. Las florestas tienen allí una magnificencia que arrebata y deleita, y las residencias de los príncipes, liberalmente abiertas por ellos á la curiosidad de los viajeros, son notables por la gracia de sus pormenores ó por la frescura y belleza de sus parques y jardines.
Pero lo que allí interesa mas es el lindo valle del Mürg, riachuelo regular cuyas aguas no solo ponen en movimiento un enjambre de molinos, aserríos de tablas y fábricas importantes, y difunden la fertilidad en los campos, gracias á una inteligente irrigacion, sino que tambien dan salida á las innumerables balsas de trozas y tablas de pino, abeto, encina y haya, que descienden del fondo de las montañas hácia el Rin. En todo ese valle angosto y pintoresco reinan la actividad y el movimiento. Las fábricas, los molinos y aserríos no cesan de trabajar durante la mayor parte del año; las ondas del riachuelo están donde quiera cubiertas de balsas larguísimas, laboriosamente conducidas por dos ó tres hombres cada una; en todas partes se ocupan en diversas labores todas las gentes, manifestando con sus fisonomías, sus vestidos, su modo de hablar y su obligante obsequiosidad un carácter dulce y hospitalario, y una sencillez y pureza de costumbres que agradan y seducen fácilmente. Las localidades son graciosas, irregulares, como lo exigen los accidentes del terreno, y pintorescas; los cortijos indican mucho esmero en los cultivos; y la prodigiosa multitud de huertos llenos de árboles frutales, hortalizas y pequeños jardines, le da al valle el aspecto mas risueño, que contrasta enérgicamente con el de las montañas que lo encierran, pobladas de espesos bosques, ricos en maderas de construccion.
Allí, en medio de esos deliciosos paisajes, tan poco lejanos de Báden-Báden, olvida uno con encanto las miserias de vanidad y ostentacion; de imposturas fascinadoras y codicia que se disputan la admiracion y los montones de oro en el Salon de conversacion; la sociedad sofística de la ciudad parece mas absurda, y se comprende cuánto mas vale la vida honrada y tranquila de los habitantes del valle del Mürg, que la estéril agitacion de los que pueblan los hoteles de Báden-Báden.
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CAPITULO IV.
LAS CIUDADES BADENSES.
Carlsruhe.—Las ciudades nuevas de Alemania.—Heidelberg;—su Universidad y sus curiosidades.—Los estudiantes de Alemania.—Las ruinas del Castillo.
De Báden-Báden á Carlsruhe, el ferrocarril vuelve hácia la llanura del Rin y va orillando generalmente la línea de la Floresta-Negra, tocando en Rastadt, pequeña ciudad de poco mas de 6,000 habitantes, notable solo como plaza fuerte, por el papel que ha hecho en las guerras franco-alemanas y el que hizo durante la revolucion republicana y unitaria de 1848. Fortaleza federal de primer órden, Rastadt es en la hermosa llanura del Rin un puesto avanzado en prevision de los ataques de Francia; pero el buen sentido hace comprender á los Alemanes que en realidad sus fortalezas sirven mas contra ellos que contra el enemigo. En 1848 el pueblo se insurreccionó en Rastadt y atacó á la guarnicion en la fortaleza. Cuando estaba triunfante en su revolucion democrática y tenia esperanza de asegurar la unidad social y suprema de la Alemania, el ejército prusiano intervino, en virtud del derecho federal, y destruyó la obra del pueblo. Eso era natural, puesto que la Confederacion germánica, en vez de ser una liga de los pueblos, no es mas que la alianza de los príncipes soberanos contra la gran nacion. Rastadt ha sido posteriormente teatro del antagonismo que suele estallar entre las guarniciones de varios Estados alemanes, sobre todo entre las del norte y del mediodía,—antagonismo que revela en parte las contradicciones y la debilidad de la Confederacion.
La llanura se desarrolla con majestad, pero no sin monotonía, salpicada de numerosas villas y aldeas, rodeadas de vastas plantaciones de cereales, tabaco, legumbres, lúpulo y plantas filamentosas y oleaginosas. Del lado del Rin el horizonte es abierto y muy extenso, aunque la mirada se detiene á veces en hermosos bosques que salpican la llanura. Hácia el Oriente se desarrollan las montañas, y el paisaje tiene donde quiera completa ó muy notable analogía con el que média entre Freiburgo y Kehl.
En el centro casi de la llanura, á 7 ú 8 kilómetros del Rin, demora Carlsruhe, capital del gran-ducado de Báden, ciudad enteramente moderna—la mas nueva de las capitales alemanas,—limpia, elegante por sus formas, sólidamente construida, singular en su estilo, interesante por algunos monumentos, pero tambien singularmente monótona y solitaria. Al recorrer sus anchas y hermosas calles, de aspecto casi monumental, el extranjero no se creería en la capital de un Estado relativamente considerable, en medio de 25 á 30,000 habitantes y en presencia de una corte. Tal es el silencio que reina en todas partes, la tranquilidad en que se ven todas las cosas, la seriedad de las gentes. Así, los habitantes de Carlsruhe se muestran fieles á la etimología ó el nombre de su capital, nombre que significa: el reposo de Cárlos, según la voluntad del príncipe que la fundó en el primer cuarto del siglo XVIII, dándole por base ó eje su residencia de retiro. Por lo demas, como el número de católicos de Carlsruhe apénas excede la cuarta parte de la poblacion, hay poco ruido de campanas, todo el mundo es serio, y no siendo la ciudad en nada mercantil ni industrial, sino puramente cortesana y en cierto modo artificial, todo movimiento social parece estar proscrito de allí, al ménos durante el verano.