Sobre Cuba exclamaba:
«Estoy desorientado y triste, pero con la mirada siempre fija en la cumbre inaccesible.
»En mi tierra no hay más que dos hombres: Gómez y Maceo, y una bandera: yo.
»A ellos los tienen como visionarios y a mí me consideran loco. Nos han dejado solos.
»Aquí, en los momentos de angustia, en esos días lóbregos en que en vano lucho y brego con los hombres y las cosas, al trasladar al papel mis pobres pensamientos, no me explico, no comprendo cómo no se transforma en Vesubio mi cabeza ni se convierte mi pluma en bayoneta.
»Ustedes, los colombianos, tienen aun esperanzas de redención: allí hay vida, hay savia, hay esplendor.
Nosotros no tenemos nada.
»Cuba es una tumba muy grande que guarda un cadáver más grande que ella: la raza india muerta.
»Esa raza me alienta, y la máxima de Bolívar me conforta: '¡Venceremos!'».
Calló, inclinó la cabeza meditabundo, me pareció escuchar el ruido estruendoso de las armas en la manigua, y comprendí que aquel hombre era algo más que tribuno, algo más que genio: ¡era la Libertad!