No hay fraternidad más temible en las repúblicas que la de los militares, por cuanto, a más de fortalecerse por el interés común, viene de hechos heroicos que apasionan con justicia a los pueblos y hacen conmovedora y sincera la unión de los que los realizaron juntamente.
La muerte engrandece cuanto se acerca a ella; y jamás vuelven a ser enteramente pequeños los que la han desafiado.
El triunfar no está en ser, sino en lucir.
La guerra es poética y se nutre de leyendas y asombros.
La guerra no es serventesio repulido con ribete de consonante y encaje de acentos.
La guerra es oda. Quiere caballos a escape, cabezas desmelenadas, ataques imprevistos, mentiras gloriosas, muertes divinas. Quiere héroes que sepan echar la vida al aire, como el matador echa al brindar el toro la montera.
La muchedumbre humana es aún servil y ama al que vence.
El alma humana es como una caja de colores que, al sol de la gloria, resplandece.
Los cráneos están llenos de colores.