El hombre ama lo centelleante y pintoresco.
La caballería es como el gerifalte de la guerra moderna, en caer cuando no se la espera, en venirse con la presa en los dientes, en recogerse cuando lo quiere el cazador.
El valor crece a caballo. En el caballo hay gloria.
El mejor modo de hacerse adorar por los soldados, es no sacrificarlos sin necesidad y pelear a su cabeza.
Hay batallas sin sangre; batallas en que la sangre corre donde no se ve.
Los que desdeñan el arte son hombres de estado a medias.
La paz es el deseo secreto de los corazones y el estado natural del hombre.
Los defectos nacionales, como las virtudes, son elementos políticos.
Puesto que hay tanto hombre-boca, debe haber de vez en cuando un hombre-ala.