Toda la buena voluntad de un gobernante sería inútil si no lo secundara con vigor e inteligencia la voluntad de los empleados.

Las épocas de reforma no permiten reposo.

Los apóstoles de las nuevas ideas se hacen esclavos de ellas.

El espectáculo de la riqueza excita el esfuerzo humano.

El genio poético es como las golondrinas: posa donde hay calor.

Para rendir tributo ninguna voz es débil.

Para ensalzar a la patria, entre hombres fuertes y leales, son oportunos todos los momentos.

Cuando en los hombres se encarna un grave pensamiento, un firme intento, una aspiración noble y legítima, los contornos del hombre se desvanecen en los espacios sin confines de la idea.

Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.

Hasta los déspotas, si son hidalgos, gustan más del sincero y enérgico lenguaje que de la tímida y vacilante tentativa.