Por sensual queda en desuso la lírica pagana; y la cristiana, que fué hermosa por haber cambiado los humanos el ideal de Cristo, mirado ayer como el más pequeño de los dioses, y amado hoy como el más grande, acaso, de los hombres.

No hay obra permanente, porque las obras de los tiempos de reenquiciamiento y remolde son por esencia mudables e inquietas.

La elaboración del nuevo estado social hace insegura la batalla por la existencia personal y más recios de cumplir los deberes diarios que, no hallando vías anchas, cambian a cada instante de forma y vía, agitados del susto que produce la probabilidad o vecindad de la miseria.

El amor entona cantos fugitivos, mas no produce—por ser sentimiento culminante y vehemente, cuya sensación fatiga y abruma—obras de reposado aliento y laboreo penoso.

Parece profanación dar al Creador de todos los seres, y de todo lo que ha de ser, la forma de uno solo de los seres.

Una gran montaña parece menor cuando está rodeada de colinas.

El genio va pasando de individual a colectivo.

La guerra, antes fuente de gloria, cae en desuso, y lo que pareció grandeza comienza a ser crimen.

La corte, antes albergue de bardos de alquiler, mira con ojos asustados a los bardos modernos, que aunque a veces arriendan la lira, no la alquilan ya por siempre, y aun suelen no alquilarla.