Los que no creen en la inmortalidad creen en la historia.

Es necesario elevarse como los montes para ser vistos de lejos.

La falta de proporción parece indispensable a la grandeza.

Como la montaña, la vida del hombre que perdura ha de ser selvática, enmarañada: acá una cripta, allá un roble, por allá una enredadera; incorrecta, abrupta, rugosa.

La pasión es una nobleza.

Los apasionados son los primogénitos del mundo.

Los fuertes doman la pasión; pero en cuanto logran extinguirla, cesan de ser fuertes.

Hasta para ser justo se necesita ser un poco injusto.

La fama es premio justo de quien tiene el valor de sacrificar el grato sigilo de su persona a la idea que defiende.

Donde el virtuoso se recata, el ambicioso vence.