No se ha de criar naranjas para plantarlas en Noruega, ni manzanos para que den fruto en el Ecuador, sino que al árbol deportado se le ha de conservar el jugo nativo, para que a la vuelta a su rincón pueda echar raíces.
La naturaleza del hombre es por todo el universo idéntica, y tanto yerra el que suponga al hombre del Norte incapaz de las virtudes del del Mediodía, como el de corazón canijo que creyese que al hombre del Sur falta una sola siquiera de las cualidades esenciales de los hombres del Norte.
Los hábitos prolongados crían en los hombres, y en los pueblos, tal modificación en la expresión y funciones de la naturaleza, que, sin mudarla en lo esencial, llegan a ser imposibles al hombre de una región con cierto concepto de la vida y ciertas prácticas, la dicha del contento y el éxito del trabajo en otra región de prácticas y concepto de vida diferentes.
Un país muy poblado y frío, donde la agria necesidad aguza y encona la competencia entre los hombres, cría en éstos costumbres de egoísmo necesario que no se avienen con la franqueza y el desinterés propios e indispensables en las tierras abundantes, donde la población escasa permita aún el acercamiento y grata obligación de la vida de familia.
El fin de la educación no es hacer al hombre nulo, por el desdén o el acomodo imposible al país en que ha de vivir, sino prepararlo para vivir bueno y útil en él.
Un pueblo crea su carácter en virtud de la raza de que procede, de la comarca en que habita, de las necesidades y recursos de su existencia y de sus hábitos religiosos y políticos.
La diferencia entre los pueblos fomenta la oposición y el desdén.
La superioridad del número y del tamaño, en consecuencia de los antecedentes y de las oportunidades, cría en los pueblos prósperos el desprecio de las naciones que batallan en pelea desigual con elementos menores o diversos.
La educación del hijo de pueblos menores en un pueblo de carácter opuesto y de riqueza superior, pudiera llevar al educando a una oposición fatal al país nativo donde ha de servirse de su educación—o a la peor y más vergonzosa de las desdichas humanas, al desdén de su pueblo—, si al nutrirlo con las prácticas y conocimientos ignorados o mal desenvueltos en el país de su cuna, no se le enseñaran, con atención continua, en lo que se relacionan con él y mantienen al educando en el amor y respeto del país adonde ha de vivir.