¿A qué adquirir una lengua, si ha de perturbar la mente y quitarle la raíz al corazón?

El carácter pujante y respetado, triunfa del desierto y la noche de la vida extranjera.

Es hermoso ver luchar a un hombre honrado; verlo padecer, puesto que del espectáculo de su dolor se sacan fuerzas para oponerse a la maldad.

A los hombres los reúne el vicio o la virtud.

Hay blancos y negros tan juntos por la virtud, que no será posible separarlos sin separarlos antes de sus propias entrañas.

Lo dominante es el amor.

La patria está hecha del mérito de sus hijos, y es riqueza de ella cuanto bueno haga un hijo suyo, sobre todo si trabaja en lo que ya han brillado otros y lo de él resulta más útil y completo que lo de sus predecesores.

Lo que importa en poesía es sentir, parézcase o no a lo que haya sentido otro; y lo que se siente nuevamente, es nuevo.

A la vida se le van cayendo los velos poco a poco, y cuando se conoce y rehuye lo de verboso e inútil que hay en ella, vuelve como una ingenuidad al corazón, que en los hombres sensibles y adoloridos se refleja, a la tarde de los años, en la sencillez de la poesía.