“La anarquía que impera en el campo de la literatura valenciana es absurda, incomprensible y sin precedentes en ninguna literatura del mundo.”
En efecto: que una lengua escrita que tiene á su servicio notables escritores en todos los ramos, posea dos gramáticas completamente diferentes, con dos ortografías absolutamente diversas y en completo desacuerdo en la analogía, en la sintaxis y hasta en la prosodia; es tan raro, tan anormal, que basta el indicarlo para que por sí sola salte á la vista la gravedad de tal desorden.
Y no es esto lo peor; fueran al menos dos gramáticas, dos escuelas bien definidas las que se disputaran el cultivo de nuestra hermosa lengua; pero es lo grave del caso que entre las dos que pudiéramos llamar escuelas extremas, hay tal gradación de tonos, tal cúmulo de hibridaciones, que creemos imposible el llegar á clasificarlas y hasta el poner medianamente en orden para su estudio las mil y mil anomalías y contradicciones que el más lego puede descubrir, por poco que al estudio de nuestra moderna literatura se dedique.
Pero es aún más anómalo y más raro que cuanto acabamos de decir, que no hay, entre cuantos al cultivo de nuestra lengua se dedican, partidarios de esta ó de la otra escuela; no hay realmente defensores ó impugnadores entusiastas de esta ó la otra gramática (por más que no dejen de publicarse alguna vez alusiones á este asunto, casi siempre en estilo festivo); no hay personalidades que pública y decididamente militen en este ó en el otro campo; todos, grandes y chicos, maestros y principiantes, verdaderos literatos y aficionados más ó menos felices en sus excursiones al Parnaso, todos usan por igual uno y otro sistema, y todos por igual contribuyen á que se perpetúe la anarquía y se vea cada día más lejano su remedio.
Sólo puede marcarse de algún modo la separación de campos en el terreno de los géneros literarios.
Si llamamos á las dos escuelas que se disputan el dominio de nuestra literatura, á la una castellana y á la otra catalana (y conste que no nos parecen apropiados estos apelativos; pero, puesto que hay que darles algún nombre para entendernos, creemos que éstos pueden servir perfectamente, pues dan una idea bastante clara de la tendencia respectiva de ellas), podemos decir que están con la primera el género dramático y el periodismo festivo (único que tiene vida en nuestra literatura, á pesar de generosos, pero desgraciados esfuerzos del periodismo serio), y con la segunda el género lírico en sus diversas manifestaciones, y la historia representada por algunas memorias, biografías, etc., que apenas si logran salir de la sombra protectora con que las cobija Lo Rat-Penat. De modo que la primera, es el ropaje con que se viste la literatura valenciana para mostrarse al común de los mortales, quedando la segunda reducida á una especie de lenguaje sagrado, como el de los antiguos sacerdotes egipcios, asequible únicamente á los iniciados.Y tanto es esto así, que dramas premiados en los Juegos Florales del Rat-Penat, para llegar á la imprenta ó al teatro, han tenido que ser traducidos al valenciano moderno; es decir, ingresar en lo que antes hemos llamado escuela castellana.
¿Y hasta cuándo ha de continuar este estado de cosas? ¿Es que nos hemos de cruzar de brazos todos los valencianos, y dejar que tal embrollo siga en progresión ascendente, hasta que la filología, impotente ya para desenmarañarlo, borre nuestra lengua del catálogo de las cultas y escritas? ¿Es que no hemos de intentar siquiera remediar en lo posible tamaño desafuero?...
Puesto que, para curar cualquier dolencia, lo primero es conocerla, pasemos á indicar someramente los puntos más salientes de la cuestión.
Vamos á ocuparnos casi exclusivamente de la ortografía, pues como las otras partes de la gramática están sujetas á más variantes, según la época y la comarca, creemos que para tratarlas con algún fruto, se necesita más espacio, más estudio y más experiencia.
Es indudable que hasta el presente siglo se ha escrito el valenciano con su ortografía propia; es decir, con la antigua ortografía lemosina, más ó menos pura y perfecta, según los tiempos y según la ilustración y aficiones de cada escritor; y es asimismo indudable que en la actualidad nos encontramos con dos ortografías completamente distintas, á disposición del que quiere escribir en valenciano, dos ortografías igualmente legales, igualmente respetadas, y que por igual ponen en un apuro al novel escritor, pues ambas han llegado ya á tener tantas y tan diferentes autoridades, que se puede decir aquí con la mayor propiedad del mundo (y perdonen ustedes la irreverencia), que cada maestrito tiene su librito.