¿Quién es el responsable de esa innovación? ¿Bonilla y Baldoví, ó alguien anterior á ellos? No lo sabemos, ni nos importa; pero el caso es que se hizo, que fué aceptada y continuada por escritores de indudable mérito, y que hoy es un hecho consumado.

En la escuela que hemos llamado catalana, pueden marcarse perfectamente tres agrupaciones: los arcaístas, los catalanistas propiamente dichos y los neo-lemosines. Llamamos arcaístas á los que pretenden escribir hoy el valenciano como se escribía en el siglo XV. Quien no conozca bien nuestra moderna literatura, creerá que exageramos; pues no hay hoy en Castilla quien se atreva á escribir como Juan de Mena ó el Marqués de Santillana; y sin embargo, nada hay más cierto que lo dicho: en todas las reacciones como en todas las revoluciones, hay espíritus fuertes, que llevados de su actividad y de su amor al ideal, traspasan sin notarlo, y á veces hasta á pesar suyo, los límites que la prudente evolución de los tiempos y de las ideas debiera marcarles; por eso, pues, entre nosotros hay quien llena sus escritos de arcaísmos, y no por ignorancia ó descuido, sino á ciencia cierta y convencido de que así contribuye mejor al renacimiento de nuestra lengua.

No es difícil encontrar en escritos de hoy chor, quadro, quento, llunyadá, venerabil, realme, regina, inimich, palpebra, puix, car (porque), sua (seua), null, bastir, fonch (del verbo ser), trametre, embaumar (¿galicismo?), los numerales oncecents, dotcecents, etc., y otros mil cuya repetición y elección intencionadas prueban la verdad de nuestro aserto.

De los que llamamos catalanistas propiamente dichos, podíamos muy bien no ocuparnos en este artículo; aunque se les llama escritores valencianos, se rigen por los diccionarios, gramáticas y modelos catalanes, y no cambian jorn, aucell, papallona, dintre, altre, surtir, aixecar, ajáurer, etc., etc., por día, pardal, paloma, dins, atre, eixir, alçar, y gitar... aunque los emplumen. Algunos de éstos creen (y lo dicen francamente) que la literatura valenciana y la catalana deben ser una sola.

Y llamamos finalmente neo-lemosines, á los que siguiendo la antigua gramática lemosina, prestan no obstante cierta conformidad á las innovaciones filológicas de nuestro pueblo, si bien procurando acomodarlas á las reglas y preceptos gramaticales. Si los pocos (aunque buenos generalmente) que forman este grupo, lograran ponerse de acuerdo, pues no lo están en absoluto, y se dedicaran al oficio de catequista, tal vez en poco tiempo pudieran hacer más de lo que ellos mismos creen, sirviendo de centro (puesto que ocupan el término medio) al que pudieran converger los grupos extremos, dejando cada uno en aras del amor patrio, la impedimenta de rutinas y escepticismos que no les dejan acercarse mutuamente.

Y vamos ya á entrar en la parte más lastimosa de este asunto; es decir, vamos á tratar de lo que llamamos escuela castellana. Pertenecen á esta escuela como antes hemos dicho, todas las obras dramáticas y la prensa periódica, y pretenden sus adeptos escribir el valenciano “tal còm se parla en lo día” Empezaron por suprimir la tj y la g valencianas, poniendo en su lugar la ch castellana, y escribieron michana, llech, ròch: suprimieron la h final, y escribieron Vic, pòc, puc: cambiaron la ç y la c por la s, y la ny por la ñ, como en donsaina, resar, onse, añ, caña, señal, y no han sustituido la v con la b, escribiendo Balensia y Bisent... porque á nadie sin duda se le ha ocurrido que es una inconsecuencia y una falta de lógica el no hacerlo así. Y hubieran parado aquí sus innovaciones; pero como en el orden intelectual lo mismo que en el físico, no siempre, dado el primer impulso, es fácil detener el movimiento, donde y como se quiere, tanto se empeñaron en hablar como el pueblo, que han llegado á hablar como el populacho ábrase, en prueba de esto, cualquier comedia ó periódico valenciano, y no tardarán en encontrarse voces como sènsia, ascomensar, anteniment, etc., etc., crímenes gramaticales como t’anunsiat, m’arrimat, s’en anem, se quedem, s’ham acalorat, etc., y sobre todo barbarismos ortográficos, como diro, fero, en vez de dirho, ferho; madonat, sa dit, por m’ha donat, s’ha dit; nou fa ó n’ou fa por no ho fano hu fa si se quiere); da tres pesetes por d’á tres pesetes, y otros mil, que hacen formar muy pobre idea de quien los usa... Francamente, señores, eso no es escribir como se habla; eso es simplemente escribir mal.

¿Hay alguien que, hablando en castellano, no diga, por ejemplo: “Dile questa noche menteraré, si no lolvido?”¿Y habrá alguien que se estime, que lo escriba de ese modo? ¿Pues por qué al escribir en valenciano todos se creen autorizados para hacer lo que les dé la gana? ¿Es que aun cuando no haya gramáticas escritas, no hay en todo hombre medianamente ilustrado una que podríamos llamar gramática intuitiva, hija del sentido común y del buen gusto cultivado?

Urge, pues, en gran manera poner remedio á este caos, si no queremos exponernos á que por su duración llegue á naturalizarse entre nosotros, y acabemos por estar á él tan acostumbrados, que nos parezca por último la cosa más natural del mundo.

¿Y cuál es ese remedio? se dirá: en nuestra opinión es sencillo.

Convóquese por quien tenga autoridad para ello, sea Lo Rat-Penat, ó la Sociedad de Amigos del País, ó el Ateneo, ó los directores de la prensa local, ó quien sea, á un gran congreso de valencianistas, donde tengan cabida todas las escuelas y todas las opiniones: puesto que afortunadamente estas cuestiones no han llegado todavía á acalorar los ánimos, acudan allí todos guiados por el amor á la patria y á las letras, y convéngase entre todos en hacer de ese congreso una especie de Concilio ecuménico que defina el dogma de nuestra literatura.