Y entre otras soluciones que ese congreso podría dar al conflicto, se nos ocurren las dos siguientes:
1ª. Hermanar las tradiciones con las necesidades de la época; es decir, admitir como buenas y legítimamente valencianas ciertas frases y voces castellanas que es ya muy difícil si no imposible desterrarlas de nuestra lengua; por ejemplo: adiós, palacio, labio, entonces, pues, después, hasta, quiçá, elevar, loco, limosna, abrigo, obispo, cepillo, pendiente, plano, plantilla, terremoto, cuna, y otras muchas que sería imposible detallar, y transigir con la sintaxis castellana que se ha enseñoreado ya casi en absoluto de nuestra lengua; pero conservar nuestra ortografía propia, y valencianizar en lo posible cuantas voces admitamos de otros idiomas. A esto se nos objetará por los amantes de lo antiguo que es mucha evolución esa, para hecha de un solo golpe; y nos dirán los innovadores que justamente en la ortografía y en la pureza de dicción, está la dificultad para el pueblo.
Contestaremos á los primeros, que dado el continuo progreso y la natural evolución de las lenguas, no sería para la nuestra tan grande la concesión que le haríamos, pues hace en realidad siglos que no se le ha reconocido oficialmente innovación alguna; y á los segundos nos limitaremos á recordarles lo que dijo nuestro inmortal Iriarte:
Sepa quien para el público trabaja
Que tal vez á la plebe culpa en vano,
Pues si en dándole paja, come paja,
Siempre que le dan grano, come grano.
2ª. Aceptar los hechos consumados y formar dos gramáticas diferentes: la una castiza, erudita, que puede ser la catalana (y nos ahorramos el trabajo de hacer una nueva, que al cabo ha de ser casi igual á ésta), con la que podamos ayudar en la medida de nuestras fuerzas al renacimiento lemosín y recordar nuestras antiguas glorias literarias; y otra valenciana popular, transigiendo con la ch, la s y la ñ, pero creando un verdadero cuerpo de doctrina con reglas fijas y precisas, que hagan imposibles los resbalones que continuamente damos cuantos nos proponemos escribir algo en nuestra moderna lengua, y unifique, legalizándolas, las tendencias de una escuela que tal vez representa la manifestación de verdaderas necesidades de la época.
Ya nos parece estar oyendo á algunos puristas, que exclamarán: “No, eso jamás; transigir con esa innovación sería un crimen y una bajeza, sería doblegarse ante un cisma, ante una herejía: non possumus.” ¿Y qué le hemos de hacer, señores? podemos contestarles: el caso es que esa herejía es un hecho consumado, y aunque no sea ésta ocasión de discutir la teoría de los hechos consumados, que puede tener tanto de inmoral como de prudente, con tantos de ellos ha transigido ya la humanidad, en todos los terrenos, que aunque haya una transacción más, ¿qué importa al mundo?
En resumidas cuentas: de un modo ó de otro, con esta ó aquella solución, creemos que lo verdaderamente preciso, lo urgente, lo inexcusable es hacer algo; pero algo que sea pronto, rápido y de fácil ejecución.
Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.
LES ORFENETES [(40)]
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Hia chunt á Peñagolosa
un poblet qu’es un pomell,
mes tan alt, qu’anar á ell,
es tarea mol penosa;
y es per sèrt cosa enfadosa
qu’estiga tan apartat,
pues tant el Sèl l’ha dotat
de llum, perfums y armoníes,
que més qu’un chardí d’huríes
es un Eden encantat.