Usamos asimismo de la apócope en algunas otras voces de uso constante como casa, encara, diciendo por ejemplo ENCÁ no vach á CA mon tío.
Otras veces suprimimos letras al principio (aféresis) ó en medio (síncope) de las palabras, y decimos, Sentet por Visentet, dam por dónam y pa por pera (preposición); v. gr.: Sentet, dam això pa mi. Pero donde más se emplean estas figuras es en las palabras terminadas en ador, adora y esa, en las cuales casi puede asegurarse en absoluto que se suprime la d ó la s; así decimos, mocaor y llauraora en vez de mocador y llauradora, perea y riquea por peresa y riqueza.
Empleamos también en muchos casos los metaplasmas por adición, y decimos por ejemplo: estisores, estenalles, allar, en vez de tisores, tenalles, llar; y por alteración, como quidrar por cridar, auhia por aihua ó aigua.
Ya se habrá observado que todos los ejemplos anteriores son escogidos adrede de entre aquellas palabras cuyo uso es tan general y admitido, que á nadie le suenan ya mal: en cuanto á otras muchas transformaciones, que aunque más ó menos usadas conceptuamos viciosas, las estudiaremos al hablar de los vicios de dicción.
Excusamos hablar del metaplasmo llamado contracción, porque ya nos ocupamos de esto en otros capítulos.
Respecto á la elisión de letras en la unión de las palabras, figura de que tanto se usa y abusa en valenciano, diremos algo en la ortografía al tratar del apóstro
PARTE SEGUNDA
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SINTAXIS
Consecuentes con lo dicho en el prólogo, esta parte de nuestra Gramática será relativamente reducida, puesto que la mayoría de las reglas sintácticas por que se rige el valenciano son comunes, no sólo al castellano, sino á los demás idiomas congéneres: que el adjetivo, el artículo, el pronombre y el participio, conciertan con el nombre en género, número y caso; que el nombre y el pronombre conciertan con el verbo en número y persona; que el nombre rige á otro nombre con el auxilio de una preposición; que el verbo rige al nombre con ella ó sin ella, etc., etc.; son cosas que cuantos han de hojear este libro aprendieron en la escuela, y no servirían, por lo tanto, sino para distraer su atención de lo único que aquí resulta práctico, ó sea el marcar las diferencias entre el valenciano y el castellano.
Así, pues, nos limitaremos á estudiar dichas diferencias (y adviértase que de día en día va la construcción valenciana acercándose á la castellana), y téngase por común á ambas lenguas cuanto no indiquemos especialmente... salvo error ú omisión, como dicen los comerciantes al pie de sus cuentas.