Es barbarismo.- 1º. Escribir mal las palabras, como por ejemplo: horfe, seuha, diuhen; en lugar de orfe, seua, dihuen.
2º. Pronunciarlas mal, v. gr.: llautinent, provesó, estisores, pedricar, en vez de llòctinent, prosesó, tisores, predicar.
Respecto á las modificaciones que han sufrido las terminaciones en ada, ador y adora nos parece prudente quitarlas de este sitio y darles carta de legitimidad colocándolas entre los metaplasmos: conviene, sin embargo, que al menos en el estilo serio sigamos escribiendo tronada, cansada, parlador, llauradora, aunque cuantos hemos nacido en la segunda mitad de este siglo, digamos al hablar, troná, cansá, parlaor y llauraora.
3º. Trocar por vocablos de otras lenguas los valencianos genuínos. Y aquí tropezamos con una cuestión difícil de resolver: ¿qué son castellanismos y qué no lo son?
En nuestro sentir, debe reputarse como tal toda palabra castellana que se use teniendo equivalente valenciano, á no ser que éste haya caído en desuso desde tan antiguo, que apenas sea conocido de la generalidad; no debe decirse, por lo tanto, labio por llabi, lámpara por llantia (no sólo en la iglesia, sino en el comedor y el salón), mesa (de billar) por taula, cucurucho por paperina, etc., etc., si bien será permitido decir párpado en vez de palpebra, loco por foll, obispo y limosna por bisbe y almoina, y hasta palasio por paláu.
Debe tenerse muy presente en este punto, que castellano y valenciano son dos lenguas gemelas, y que además de su común origen han estado desde su nacimiento en relación contínua, á consecuencia de lo cual tienen muchas voces comunes, ya en absoluto, ya con sola la diferencia de terminación ó pronunciación peculiar de cada una: así, día, limosna, capellá, aurora, son por lo menos tan valencianos como jorn, almoina, prébere y auba. Santo y bueno que no se diga ave en lugar de au (que es la misma palabra con desinencia valenciano), pero sí pardalet (pajarito), lo mismo que aucellet (avecilla), alsar y baixar al propio tiempo que aixecar y devallar.
Lo mismo poco más ó menos, hay que advertir en lo relativo á catalanismos: será catalanismo el usar la voz papallona en vez de paloma, dintre en lugar de dins, nosaltres por nosotros, y otras que tienen equivalente valenciano distinto de la palabra catalana y de la castellana; también lo es el emplear las desinencias catalanas en la conjugación de los verbos en lugar de las genuínas valencianas, como llegeixes, menteix por lliches, ment.
Respecto á galicismos, latinismos, etc., atengámonos á lo que dice la Gramática de la Academia, puesto que la casi totalidad de los que empleamos son tomados del castellano.
4º. Adoptar, modificadas por el castellano, dicciones que ha conservado intactas siempre el valenciano; v. gr.: Archel, por Alcher; Segorb, por Sogorb.
5º. Escribir y pronunciar como en el idioma á que pertenecen, voces que ya se han valencianizado; como Orihuela, por Oriòla; Teruel, por Teròl.
6º. Usar intempestivamente de voces anticuadas en elocución y estilo modernos; como por ejemplo: almòina, nafrar, onsesents.
7º. Valerse de vocablos impropios, no autorizados por el buen uso ó malsonantes; v. gr.: presupostar, por presupòndre; solusionar, por resòldre; matros, por nosotros.
Al terminar el estudio de los barbarismos, la Academia Española dice lo siguiente que debemos transcribir:
“No se ha de estimar barbarismo el empleo intencional de alguna palabra ó frase extranjera, hecho por gala y bizarría de quien conoce á fondo su propia lengua y la domina. El barbarismo proviene siempre de ignorancia, de cortedad de instrucción ó entendimiento, ó de estéril y ridícula vanidad.”
Es solecismo.- 1º. Quebrantar las leyes de la concordancia.
La concordancia en género la destruímos, por ejemplo, al decir: la ú y l’atre, por l’ú y l’atre; totes les díes, por tots els díes. Téngase en cuenta, no obstante, que escritores de valía alteran alguna vez la concordancia para evitar cacofonías ó aumentar la armonía del verso, como en los siguientes ejemplos:
A son ombra lo pa de cada día
Repartix á sos fills lo Treball sant
Y en la taula la Pau y l’Alegría
Ses flòrs van desfullant.
(TEODORO LLORENTE.)
En lo còr un chardí yo tinc, mareta,
Plenet d’hermoses flòrs;
La esperansa ab s’alé tot chorn les bresa
Y’ls plena de frescor
(MAGDALENA GARCÍA BRAVO.)
Solecismo por trocar los pronombres personales, se comete á toda hora en la capital del reino y en algunas otras poblaciones, y no sólo por el vulgo, sino por personas á quienes su indudable ilustración parece que debía impedirles incurrir en tan craso y vulgar desatino: decir se parlem ó se quedareu en vez de mos parlem ó vos quedareu, no tiene disculpa posible: ¿quién de los que así lo dicen en valenciano, osaría decir en castellano se hablamos ó se quedasieis?; ¿ni qué latino, catalán, francés ó italiano alteró así jamás el uso de los pronombres? Conste, por lo tanto, que esto no es un modismo ni una figura permitida por el uso constante, sino un crimen de lesa Gramática, al que es preciso declarar una guerra á muerte hasta lograr su completa desaparición [(21)].
2º. La reunión de dos partículas incongruentes, ó mal colocadas, en una misma y sola oración, como: asò es pera d’ell; vach á per aigua, en vez de pera ell y per aigua.
3º. Cambiar el oficio de una parte de la oración por el de otra; v. gr.: ya están soltats por ya están sòlts.
Y 4º. Emplear construcciones viciosas, cosa bastante difícil de precisar en nuestra lengua por la inseguridad que á estas horas hemos logrado ya tener en las reglas de construcción: veáse, sin embargo, lo que hemos dicho al hablar de la sintaxis regular, y atiéndase, sobre todo, á los buenos modelos.