Cacofonía es vicio que consiste en el encuentro ó repetición de unas mismas sílabas ó letras; como en esa frase de prueba tan vulgar y conocida: setse chuches menchen feche d’un penchat.
Entiéndase, no obstante, que á veces puede repetirse acertada y bellamente una misma letra por armonía imitativa; pero esto queda reservado á los maestros en el decir, y conviene no abusar de ello.

La anfibología y la monotonía y pobreza son vicios á que estamos muy expuestos los valencianos á causa del punible descuido en que solemos tener el estudio de nuestra materna lengua: llamamos, pues, la atención de los escritores hacia estos escollos.

Por lo que ha podido verse, es bastante difícil distinguir lo vicioso de lo legal y permitido por la sintaxis figurada en una lengua tan falta de fijeza como el valenciano moderno: así, pues, lo único que cabe hacer en ella es, por parte de los maestros en escribir ó hablar, usar de la mayor prudencia para evitar tanto la Scila del arcaísmo, como el Caribdis de la vulgaridad; y por parte de los demás, atenernos á los buenos modelos y estudiar mucho.

PARTE TERCERA
PROSODIA

Dar reglas para la pronunciación valenciana sería tarea parecida á la de poner puertas al campo: desde el montañés del alto Maestrazgo que habla casi en catalán, hasta el ribereño del Mijares ó el Turia que ni habla en aragonés ni en valenciano, y el del Vinalopó ó el Segura que al mudarse de casa muda de idioma, es tal la gradación de los acentos y la variedad de los sonidos que emplean los valencianos, que no nos creemos con fuerzas para intentar siquiera su análisis.

Por otra parte, la capital, la hermosa ciudad del Turia, cuyo lenguaje hablado parece que debíamos aceptar por norma, habla tan mal el valenciano... (!!!) que ni siquiera sabe pronunciar la v, la ch y la s suaves: bebe aguas aragonesas desde hace tantos años, que le han desgastado la lengua.

Así, pues, nos abstenemos de dar reglas para la pronunciación, y siga cada valenciano hablando como su madre le enseñe ó como hablen los de su pueblo.

Pero sí queremos hacer notar una cosa: el carácter distintivo del valenciano es la suavidad, la dulzura, sólo igualadas, mas no superadas por el italiano, y creemos que todos los esfuerzos de nuestros gramáticos deben dirigirse en la Prosodia á la conservación de esta propiedad, que por desgracia se va perdiendo de día en día.

Es preciso para ello aconsejar una y mil veces que cuantos aman su lengua materna hagan lo posible por conservar (y hasta por restaurar en donde se han perdido) las tres letras más dulces que el valenciano posee, la v, la ch y la s suaves, y que los finales en t que en la capital y en algunas otras poblaciones suenan con toda su fuerza, se suavicen como suele hacerse en las comarcas extremas (Alicante y Castellón) donde al unirse á la vocal siguiente se convierte la t final en d: la siguiente frase, mentres hacha caritat en lo mon, tot anirá be, suena en Valencia y su comarca tal como está escrita; pero la mayoría de los habitantes de las dos provincias extremas la leen así: mentres hacha CARITÁ-DEN lo mon, TO-DANIRÁ be; compárese un sonido con otro y se notará la diferencia en favor del segundo. Lo propio ocurre con las s s finales; en dichas provincias suenan siempre suaves al unirse á la vocal siguiente, con lo cual se dulcifica mucho la frase: leáse, por ejemplo: els hòmens son tots iguals [(22)] ante les lleys humanes y divines: hasta al hablar en castellano nos es difícil dejar de suavizar la s en tales casos á los naturales de ambas provincias.

Nada más hemos de decir: entre las personas ilustradas de Valencia que consagren á estas cosas alguna atención, no puede haber sino dos tendencias, ambas respetables siendo de buena fe; los que quieran empujar el valenciano hacia el castellano hasta lograr su unificación, y los que deseen conservar la pureza de su lengua materna, no á la manera de momia incorruptible, sino como organismo vivo que se modifica según las influencias legítimas del medio en que vive: á los primeros nada hemos de aconsejarles, pues es muy fácil y llano el camino; á los segundos les diremos que fijándose en lo que llevamos dicho, procuren hacer notar á sus hijos desde la infancia estas diferencias de sonidos, inclinándolos hacia la pronunciación genuinamente valenciana tan armoniosa y tan suave: creemos inútil advertir, después de tanto como se ha hablado del renacimiento de las literaturas regionales en España, que son pueriles cuantos temores puedan abrigarse respecto á esto; en lo puramente técnico, porque el conocimiento de varias lenguas durante la edad infantil, no sólo no estorba, sino que facilita la adquisición de esa universalidad de conocimientos que las crecientes necesidades de la vida moderna imponen al hombre, y en cuanto á lo político ó patriótico... ni discutirse merece: hace ya algunos años dijimos lo siguiente: