Como la casi totalidad de las dificultades que se ofrecen para el uso acertado de estos signos provienen de la igualdad ó parecido de los sonidos que deben representar, se impone la necesidad de agrupar algunos de ellos al tratar de fijar las leyes ortográficas que rigen su uso; así lo hacen la mayoría de los gramáticos, y así lo haremos también nosotros para facilitar el estudio y evitar repeticiones.

B, V

Los valencianos de la capital y de algunos otros pueblos no conocen, en lo hablado, la letra v, pues la pronuncian exactamente igual á la b; en la mayoría de las poblaciones de Alicante y Castellón conserva la v su pronunciación latina, siendo, no una letra labial como la b, sino labio-dental; es decir, que se pronuncia apoyando ligeramente los dientes superiores sobre el labio inferior; creemos explicar bien su sonido diciendo que la v es á la f como la b es á la p.

A pesar de que en la capital del reino no se diferencian en el lenguaje hablado la b y la v, es indispensable conservar esta última en el escrito, á fin de que, escribiendo al menos, podamos defendernos de la graciosa broma de un sabio francés que decía: «¡O beati hispani dum BIBERE dicunt VIVERE!»

Vamos, pues, á dar algunas reglas para facilitar su empleo en la escritura, haciendo notar, de paso, que aquí, mejor que en ninguna otra letra, se ve lo imposible que resulta el tomar como modelos los antiguos documentos valencianos, impresos ó manuscritos, para fijar reglas de ortografía en nuestra lengua; es, en efecto, tan grande el desbarajuste que reinaba antiguamente en lo tocante á estas letras, que Ros, al tratar de ellas al final de su Diccionario (pág. 335) acaba por decir: «En cuanto al uso de la b y la v consonante no han podido sentar punto fixo los Orthógraphos más diestros; ni se hallará perito que dé razón segura para el cuando se ha de usar de dichas dos letras, ó de cada una de ellas».

Algo puede hacerse, sin embargo, para poner en orden el empleo de estas letras, atendiendo las reglas siguientes:
Servirá, en general, de guía para distinguir la b de de la v la etimología latina, ó los equivalentes castellanos para los que no conozcan el latín, excepto en algunos casos que luego indicaremos; v. gr.: beure (bibere, beber); batejar (baptizare, bautizar); vore (videre, ver); viure (vivere, vivir); veu (vox, voz).
Son excepciones notables á esta regla, el verbo haver (habere, haber) y los pretéritos imperfectos de indicativo de la primera conjugación, amava, amaves (amaban, amabas; amaba, amabas) que deben escribirse con v, porque los pronuncian así todos los valencianos que distinguen estas letras y así se pronuncian y escriben en catalán [(3)]; en francés se escribe avoir y en italiano avere; en cuanto á los pretéritos, también en Italia se pronuncia y escribe aveva, amava, temeva, sentiva.
Deben escribirse con b en valenciano las voces que en su original latino ó su similar castellano tienen p; como: cabre (capera), saber (sapere), cabás (capazo), sabata (zapato): sin embargo, en las comarcas en que se pronuncia la v se dice pòvre, pòvra, povrea, ovispo, ovispat, á pesar de que estas voces proceden de pauper y episcopus, pobre y obispo; pero nótese que en francés se dice y escribe pauvre y évéque y en italiano povero y vescovo.
Se escribirán con v todas las voces irregulares del verbo anar, como vaig, ves, vagen; los tiempos de los verbos en ure en que la u se transforma en dicha letra, como escrivim, bevèu, movent, y los femeninos de los adjetivos terminados en u, como blava de blau, viva de víu, nova de nou.
Ninguna palabra genuinamente valenciana termina en v ó b; aun las que en su origen ó en sus derivaciones tienen estas letras y suenan de una manera equívoca, adoptan como final la p; v. g.: de saber se forma sap, de cabre, cap; de cap (cabeza) se derivan cabut, cabesó. Es única excepción á esta regla la preposición ab, que conviene conservemos en el lenguaje literario, aunque nadie la emplea ya hoy en el familiar.

C, Q, Ch

Tienen estas tres letras, en determinadas circunstancias, el mismo sonido gutural-palatal, explosivo y fuerte, ó sea el de k; así, por ejemplo: rich, rica y riquesa, palabras que proceden de la misma raíz, se escriben con letras diferentes para expresar el mismo sonido, lo cual prueba que hay circunstancias especiales que marcan cuándo se ha de emplear cada uno de estos signos, circunstancias que dan lugar á reglas fijas y precisas que son las siguientes:
Se escribirán con c las sílabas ca, co, cu, en cualquier lugar de la dicción; v. gr.: camí, còsa, cuadro, cuestió, còr, secar, racó, acueducte; deben, por lo tanto, proscribirse del valenciano actual las formas arcaicas quadro, questió, chòr, charitat, etc., para evitar confusiones, como las ha proscrito en el último siglo el castellano, y como tiende á proscribirlas el catalán.
Se escribirán igualmente con c las sílabas inversas ac, ec, ic, oc, uc, en principio y en medio de dicción; ejemplos: acte, secció, dictar, noctámbul, succió.
Asimismo se escribirá c antes de consonantes líquidas con las que forme ésta una sola sílaba, como en clima, creure, clau.
Se escribirá q únicamente en las sílabas que, qui en las cuales no suena la u, lo mismo que en castellano; v. gr.: quedar, quixal, mosqueta, adquisició; si por alarde de conocimientos etimológicos quiere alguien escribir con q ciertas voces como questió, aqueducte, consequent, debe escribirse la u con diéresis, así: qüestió, aqüeducte, conseqüent.
No se representará nunca con ch el sonido de k en principio ó medio de dicción como se hacía antiguamente; no se escribirá, por lo tanto, chòr, christiá, parròchia, sino còr, cristiá, parroquia.

Seguiremos en cambio añadiendo la h á los finales en ac, ec, ic, oc, uc, hasta que todos los escritores catalanes, mallorquines y valencianos se convenzan de que no hay en ninguna ortografía del mundo una regla con menos sentido común que esta; y para probar la exactitud de tan atrevida afirmación, bastarán las siguientes consideraciones:
No obedece esta regla á imposiciones de la etimología por cuanto las palabras de más clara filiación latina no tienen h en la voz de que proceden; ejemplos: March, Lluch, sach, sech, amich, poch, such, franch, amarch, que proceden de Marcus. Luca, saccus, siccus, amicus, paucus, succus, francus, amarus ó amarescatus.
Tampoco responde á la influencia que en nuestra lengua pudiera ejercer el ejemplo de la lengua madre ó de las hermanas, puesto que ni el latín ni el único idioma del grupo latino que tiene tales terminaciones, ó sea el francés, añaden la h á los finales en c, pues escriben los latinos fac, hœc, dic, hoc, adhuc, y los franceses sac, avec, pic, bloc, suc.
Menos aún puede fundarse en conveniencias de claridad y parentesco dentro de nuestra misma lengua, ya que de verbos como secar y tocar derivamos sech y tòch, de sustantivos como riquesa y flaquesa, sacamos rich y flach; y en cambio borramos la h de todos los adjetivos al pasarlos al femenino y de todos los sustantivos al transformarlos en abundanciales, aumentativos y diminutivos; ejemplos: flach y flaca, sech y seca, rich y rica, fosch y fosca, fresch y fresca; de sach formamos el abundancial sacá y el aumentativo sacòt; de bech, bequet; de banch, bancòt, bancás y banquet. Y finalmente, tan sin razón añadimos esa h, que la misma sílaba y con idéntica pronunciación se escribe con ella ó sin ella según esté en fin ó en medio de dicción; ejemplos: sach y sacsó, rech y rectitud, dich y dictar, flech y reflectar.

Como se ve, ni la etimología, ni la pronunciación, ni la claridad abonan el empleo de la ch final; pero tiene ésta en su favor el uso continuado durante muchas generaciones; y el uso, ó mejor dicho la rutina, tiene en ortografía, como en otros muchos códigos, mayor autoridad y fuerza que la lógica y el buen sentido; sigamos, pues, escribiendo con h los finales en ac, ec, ic, oc, uc, hasta que por mutuo consentimiento, expreso ó tácito, dejen de hacerlo los más fecundos escritores catalanes y valencianos.